10 años han pasado ya desde que la banda de grunge de Detroit sacara a la venta su cuarto disco titulado Adore. Un disco que generó todo lo contrario por sus seguidores hasta el momento. Pues los agresivos y distorsionados Smashing Pumpkins sacaban un disco que según cómo sonaba a Depeche Mode. Bases electrónicas transgresoras. Una imagen poco común entre la banda, elegante y oscura. Todavía más oscura que todo lo anterior que habían sacado. Y letras dotadas de un romanticismo propio de su portavoz Billy Corgan, en su versión más intimista. Un disco poco adorado por sus seguidos, pero uno de los más aclamados y respetados por sus incondicionales.
The Smashing Pumpkins se encontraban en tiempos difíciles por aquel entonces. Acababan de publicar su más exitoso álbum en ventas, y nada menos que un doble álbum con temas que se convertirían en algunos de los principales himnos del grupo. Además, enganchaban con la corriente grunge que habían abierto los Nirvana y que seguían en cierto modo los Pearl Jam, llenando un hueco que había dejado la muerte de Kurt Cobain con una música parecida en estilo, aun con mensajes totalmente diferentes. Realzarse después de un doble LP no es un reto fácil, y más todavía cuando el cuarto miembro de la banda, Jimmy Chamberlin, abandona el grupo para entrar en un difícil y largo proceso de desintoxicación. De este modo, Billy Corgan y James Iha se vieron sumergidos en los inicios de la banda, en los que tocaban a dúo acompañados por una caja de ritmos que les hacía las funciones de batería. A ellos les seguía acompañando la hasta entonces incondicional bajista D’arcy Wretzky. La situación era complicada y había toda una multitud que se había enganchado al grupo con Siamese Dream y Mellon Collie and the Infinite Sadness. Solución: sacar una caja de rarezas y caras B descartadas para la realización final del álbum acompañada de cada uno de los 5 maxis que lo promocionaron. Buen material que probaba que lo que habían hecho con ese doble LP era un gran trabajo. Enorme el reto para probar que The Smashing Pumpkins todavía no habían tocado techo.
Si lo habían hecho ya o no es cuestión de opiniones subjetivas, pero en cualquier caso Adore es una gran obra de arte. Tiene una atmósfera muy continua a lo largo del disco que envuelve al oyente durante las 16 canciones que lo componen. El hit Ava Adore se veía respaldado con un videoclip cautivador. Pero aún y así muchos de los compradores del disco, engatusados por esa obra audiovisual, se decepcionaron de entrada con la obra completa. Tales son las cifras que es el peor disco en ventas del grupo por la discográfica Virgin Records. Aún y así, la crítica profesional elevó el disco, tachándolo de una ruptura total con todo el material anterior del grupo pero sin desmerecerlo de la calidad que contenía escondido. Cuestión curiosa pues la confrontación entre crítica especializada y la opinión general del público. En cualquier caso, el disco es un compacto que gana con cada escucha, y a base de paciencia te llega a cautivar mostrándote en cada reproducción una de sus mil maravillas escondidas. Lo que sí está claro es que es un trabajo muy depresivo, oscuro, invernal. Frío. Quizá porque era lo que sentían sus creadores, pues el grupo empezaría con las trifulcas que les llevarían a separarse tras el siguiente disco de estudio Machina: The Machines of God. Pero quizá no. Quizá era la otra cara, más oscura y siniestra de la banda que querían mostrar. No se sabe si las amistades de Billy Corgan con Courtney Love y Brian Werner (más conocido como Marilyn Manson) tuvieron algo que ver en este giro. Pues resulta extraño cómo el mismo compositor del máximo exponente de la positividad que representa Today puede expresarse como lo hace en temas como el mismo Ava Adore, Crestfallen, Pug… En cualquier caso, preguntas aparte, sólo se puede dar las gracias por estos 16 regalos de discazo.
Evidente queda la capacidad camaleónica de Billy Corgan, de amoldarse a todo lo que le echen, y gustando o no, su inapelable talento. Un disco para fanáticos del grupo, no el idóneo para conocer el grupo y hacerse una idea de su estilo musical. Un disco para entender que The Smashing Pumpkins eran mucho más que un grupo de rock o de grunge. Un grupo de evolución. Eran un grupo de artistas que daban forma musical a obras de arte abstractas, que bien podrían igualmente haberse transformado en piezas de pintura, o en poesía. Y a quien no le guste, que siga tomando calabazas pasadas, que están igualmente ricas y sabrosas. A quien sí, que cante conmigo “tri-tri-tri-tristeeeeeeeza” con una sonrisa en la cara.
Escrito por fibor