Tragic Kingdom, por No Doubt

Noviembre 27, 2008

no-doubt-tragic-kingdom-coverEl ying y el yang representan las dos fuerzas fundamentales, aparentemente opuestas, intrínsecas y directamente relacionadas en todas las cosas: frío/calor, luz/oscuridad, fuerza/debilidad, ruido/silencio, buenas canciones/canciones apestosas que recuerdan a los 40 Principales…

El disco Tragic Kingdom (1995) de No Doubt genera, valga la redundancia, muchas dudas a la hora de criticarlo. Es el tercer disco de la banda, tres años después de su primer LP, el homónimo No Doubt (1992), alias “disco-fuera-de-época-pues-por-su-sonido-ska-punk-en-medio-de-toda-una-onda-grunge-que-surgía-(coma)-lo-hizo-sonar-a-disco-fuera-de-lugar-y-por-tanto-poco-reconocido”, y meses tras sacar a la luz algo parecido a un disco de temas más o menos nuevos, rarezas, caras B (¿con sólo un disco en el mercado? ¿cómo?). En cualquier caso, es un disco cojonudo. Aire fresco californiano (otra vez), amigos de Sublime, de la misma onda, con ramalazos oi!, ska, punk y apestoso-comercial y también un poco de, ¿perdona? ¿apestoso comercial? Sí, sí… En fin, luego nos explicaremos, primero situémonos.

Liderados por su cantante Gwen Stefani, y ensalzados en ondas musicales mamadas de The Specials, junto a su hermano Eric Stefani, Tom Dumont, Toni Kanal, y Adrian Young, intentaban reivindicarse como banda de reminiscencias jamaicanas con un nuevo disco que les costaría mucho de realizar. Por aquel entonces, el noviazgo entre el bajista Toni Kanal y Gwen, terminaría con un “necesito más espacio para mí y mis cosas” (¿adivinan de quién?), tras siete años de relación, el primero de ellos en secreto, pues era una ley supuesta entre los miembros que ninguno se enrollaría con la cantante. Así mientras Gwen rezaba a Dios por tener un hijo con su bajista (no es broma, lo he sacado de fuentes fiables), el susodicho daría un montón de nuevos argumentos de peso para componer lo que serían las letras de origen amoroso de un disco exitoso que vendería más de 16 millones de unidades en todo el mundo. Así muchos de los temas de Tragic Kingdom como “Don’t speak, “Sunday Morning”, “Hey you”, “Spiderwebs”… hablan claramente de la relación entre cantante y bajista que llegaba a su fin. Tras un periodo de digestión, se encerrarían todos juntos a grabar el disco.

1995. Kurt Cobain ya había muerto, y con él, el auténtico sonido grunge (con contadas excepciones), pero sobretodo la grunge-dependencia por parte del público masivo. Don’t speak. Un tema que podrían escuchar tanto skamaníacos como madonníacos (porcierto, Madonna es parienta lejana de la propia Gwen Stefani). Liada la hemos.

Por si la gente no se había terminado de convencer con el pedazo de disco (o medio disco) que acababan de publicar los No Doubt con los dos primeros singles “Just a girl” y “Spiderwebs”, llegaba la canción que haría que mucha gente pensara “no, pero sí…” y para todos los que pensaran “Sí! Pero no…” ya era demasiado tarde pues seguramente ya se habrían hecho con el disco. “Don’t speak”, tercer single de la banda y una empalagosa canción de amor sobre piano, con el característico subidón-bajón (la relación con más posteridad en el mundo de la música) y que hablaría de Toni Kanal y Gwen, nuevamente. Ya estaba hecho, el tema publicable para todas las emisoras de radio y el nuevo himno de muchas niñitas rubias. Llegó a número uno de la lista Billboard 100 Hot Airplay, y lo que es peor, se mantuvo durante dieciséis semanas… ¡dieciséis! Por suerte, no pudo publicarse en otras numerosas listas ya que no se llegó a publicar un single comercial propiamente dicho. En cualquier caso, el lapsus se salvaría con los nuevos cuarto y quinto single, de nuevo cojonudos, “Excuse me Mr.” y “Happy now?”.

Este disco sí daría nombre a la banda y los lanzaría mundialmente. Eso sí, el éxito que cosecharon con Tragic Kingdom y Don’t Speak no se repitió con ninguno de los siguientes discos de la banda, con un evidente bajón comercial. Quizá la nueva relación de Gwen con el cantante de los norteamericanos Bush (con otra preciosa can… quiero decir, apestosa canción de amor llamada “Glycerine”) no inspiraba tanto a la cantante. O quizá andaba liada con los dos hijos que sí le daría el tal Gavin Rossdale. En cualquier caso, No Doubt se separaría en el 2004 tras dos nuevos (y discretos) discos. Posteriormente, Gwen trabajó en el diseño de moda para su marca L.A.M.B. y sacó dos discos en solitario dando un giro radical al más puro estilo Madonna (¿he dicho ya que eran familia lejana?). Pues sí, sí… la oscuridad dentro de la luz.

Actualmente, los No Doubt se han vuelto a juntar, esta vez sin el hermano Eric Stefani (que era el teclista), pues tras la publicación de Tragic Kingdom, entró en la archiconocida serie televisiva The Simpsons a trabajar como animador y guionista. Uno que supo decir basta.

Con el afán, o más bien la fé, en que No Doubt regresará cargado de energía renovada, con temazos jamaicanos al estilo californiano y evitará que Tragic Kingdom se convierta en (uno más) de esos discos irrepetibles por bandas con gran renombre que se hartan a sacar canciones de relleno que no aportan más de la mitad de lo que consiguieron decir en antaño. Pues ya lo dicen que llegar a la cima es fácil, lo realmente difícil es mantenerse. Pero si para ello hace falta ir sacando canciones pasteles como “Don’t speak” (y podríamos decir alguna más de relleno de este disco pero intentaremos esquivarlas) pues mejor se abstengan y nos hagan conservar el (“The climb”, ya lo he dicho, no podía evitarlo) grato recuerdo que tenemos de ellos.

Creo que en esta ocasión el ying y el yang cogieron su forma circular, se perforaron por el centro y se cargaron de contenido musical, para darnos lo mejor e irrepetible de una banda cojonuda, y a la vez el regocijo de emisoras de radio altamente comerciales y populares, de estas que celebran festivales propios juntando a “artistas” cuyos nombres no quiero ni insinuar. Aix… qué desidia la mía, cuando toca reconocer, por lo bajito, que “Don’t speak” me gustó un poco cuando salió. Eh, pero sólo un poco.


Sublime, por y en memoria de Sublime

Noviembre 6, 2008

sublimeSublime comenzó con el sueño de un joven de Long Beach, California, denominado Bradley Nowell. Nowell era un joven creativo, hijo de un guitarrista que conquistaba a los miembros de su familia en las citas numerosas, tocando la guitarra y cantando durante la sobremesa. Bradley se unió a su padre con los años, demostrando grandes aptitudes creativas y sensoriales para dominar el instrumento de las seis cuerdas de una manera amena, fuera de virtuosismos, y dotando de melodía todo lo que tocaba. También mejoró su voz y cantando y tocando, dicen que era capaz de cantar y tocar una canción tras haberla escuchado una sola vez. Ante la orgullosa mirada de su padre, con escasos 22 años formó una banda de ska-punk-reggae denominada Sublime con dos colegas de niñez, el baterista Bud Gaugh y el bajista Eric Wilson.

Acompañados por Lou Dog (el perro de Bradley), el trío californiano alternaba largas estancias de surf en las costas del sur de california con actuaciones en bares y pequeños locales a cambio de cerveza. El gran sueño de tres amigos comenzaba a andar. Con composiciones animadas, ritmos ska, reggae, buen rollo, cerveza, porros de yerba, jugando con su dálmata por la playa, puestas de sol rojas sobre el océano pacífico californiano… andaba el sueño de tres amigos encabezado por un joven Bradley con tres claro objetivos en la vida: casarse con la mujer que amara, tener un hijo con ella, y realizar una bella obra musical registrada en compact disc y distribuirla en todo el mundo. La felicidad americana, lejos del radicalismo de bandas punk en otros estados del mundo, con problemas de naciones, políticos… en EE.UU. el punk se concentraba en California, entre surferos. Igualmente de izquierdas, pero con menos mierda que tirarse a la cabeza, sólo buscaban reivindicar una América distinta, con raíces tropicales, nativas, y ritmos sembrados por el reggae jamaicano.

La trayectoria del grupo era prometedora y el talento que mostraban en sus actuaciones en directo igualmente, acompañadas de Lou Dog, el dálmata de Bradley, merodeando por los escenarios de toda Baja California. Pero con todas las características de una banda de rock destinada a triunfar, era inevitable que se abriera una brecha.

El baterista Bud Gaugh empezó a mostrar problemas de adicción e ingresó en un centro de desintoxicación. El sueño ideal de estos tres amigos se detenía en paréntesis, y con tal de no hacer actuaciones en directo con un baterista ajeno al grupo, decidieron tanto Bradley como Wilson entrar en un estudio para grabar algo parecido a una maqueta con todos los temas que habían compuesto. Mientras Gaugh se desintoxicaba grabaron su primer LP 40 Oz. to Freedom. El disco era bueno, pero el grupo no despegaba.

Tiempo después recuperaron a su miembro exiliado. Volvían a estar unidos, así que a la carga, recorrieron toda California compartiendo escenario con bandas de la movida ska punk de entonces como No Doubt, colaborando con su cantante en su segundo disco Robbin’ the Hood.

El sueño de Bradley no acababa de despegar aunque el éxito en el estado californiano era notable, así como reconocimiento, con sello discográfico propio (Skunk Records, nombre dado por la alianza del ska y el punk). La brecha ya andaba abierta de antaño, y Bradley Nowell cruzó por ella. Empezó a torear a la heroína, primero recurriendo a ella por su frustración con la poca repercusión fuera del estado con la banda, y se refugió en ella para encontrar inspiración que le ayudara a componer mejores piezas para así lograr el éxito que anhelaba. Su adicción se disparó hasta el punto que vendía varias de sus guitarras para poder pillar y su manáger y amigo de entonces Michael Happoldt andaba detrás de él recomprándolas después para devolvérselas a su amigo, intentando que no dejara de tocar. Tocar era lo verdaderamente importante. Pero la adicción continuaba, hundiendo al joven Bradley en una inminente depresión, que tan sólo ahuyentaba en puntuales momentos: enamorado de su novia Troy Dendekker, juntos tuvieron un hijo llamado Jakob.

Pero el éxito continuaba sin llegar. Finalmente, se encontró con su grupo con un puñado de nuevas canciones. Sublime entró en el estudio a grabarlas y todo el mundo decía que ese era el mejor disco que hasta entonces había hecho el grupo. Pero para Bradley, eso no eran más que opiniones de amigos y conocidos que no iban a decirle lo contrario. Con el disco grabado, y por fin su primer LP vendiéndose en todo el país americano, su manáger concretó una gira por todo el continente norteamericano de promoción dos meses antes de sacar a la venta el disco homónimo.

Cinco días antes de la gira, Bradley se casó con su novia. Ya había conseguido dos de sus objetivos de vida, pero restaba el personal, el propio, para demostrarle que su existencia tenía un sentido significativo.

Apunto de salir de California, Bud Gaugh fue a recoger a su amigo Nowell Bradley al motel de San Francisco en que se encontraban para salir a recorrer los EE.UU. Sobre la cama restaba el cuerpo desnudo de Bradley Nowell con los pies en el suelo. A sus 28 años había muerto de sobredosis de heroína.

Esta es la historia de una leyenda más del rock que las drogas nos robaron. Comparado con Kurt Cobain en numerosas ocasiones, Bradley Nowell dejaba un hueco importante para mucha gente a la que había tocado. Y como Nirvana, Sublime, con la muerte de Bradley, murió. Sus compañeros decidieron no continuar con el grupo, pues ese era el grupo, el sueño, de su amigo Nowell. El disco saldría a la venta igualmente.

La muerte de Bradley tuvo gran repercusión en EE.UU., sobretodo en California, donde se realizó un concierto multitudinario en su honor, encabezado y organizado por sus colegas No Doubt, que aclararon que no honraban su forma de muerte, sino veneraban haber compartido su vida con ellos.

Años más tarde se confirmó: Bradley Nowell había conseguido sus tres sueños de vida y no tuvo tiempo de disfrutar de ello. Su mujer e hijo le echan de menos, y su homónimo, primero con un gran sello discográfico, ha llevado a Sublime a vender más de 17 millones de discos en el planeta.

Para su padre y madre, su hijo Bradley Nowell seguirá viviendo en el espíritu de su nieto Jakob Nowell. Para todos nosotros, el recuerdo de su dálmata y su legado artístico.

Dedicado a la memoria de Lou Dog. 17 Septiembre, 2001.

lou