Tras un inmerecido descanso, volvemos a las andadas por la puerta grande.
Smash es –de por vida- un discazo. Así como Green Day tiene su Dookie, o Rancid tiene su …And out come the wolves, Offspring tiene este increíble Smash que sigue siendo su mayor éxito de ventas y el disco más vendido de la escena punk-rock independiente de los ’90 con más de 16 millones de copias en todo el mundo. Recientemente se ha reeditado en su versión remasterizada.
Si Ignition (1992) ya fue un disco que cubrió sobradamente las expectativas de productores de Epitaph y del propio grupo, lo que vendría dos años después no les cabría en las manos. En octubre de 1993 la banda alquiló durante dos meses los estudios de grabación Track Record en Hollywood para entrar a grabar nuevo material. Para fin de año, la nueva descarga musical ya estaba registrada y preparada para editar, masterizar, diseñar y triunfar. El 8 de abril de 1994, Smash salía a la venta.
El disco llegó a estar en el puesto número 4 de la Billboard Chart de EE.UU., todo un éxito para un grupo de escena independiente de la época. La mayor parte de la culpa la tuvieron los singles extraídos del LP: “Come out and play” fue quizá el que obtuvo mayor repercusión e inmejorables críticas, seguido de “Self esteem”, “Gotta get away” y “Bad habit”. Siendo todos ellos (pero sobretodo los dos primeros) carne de cañón para emisoras radiofónicas y empezando como una explosión repentina como lo hizo Nirvana con Nevermind, el disco agrupaba un sonido punk-rock oscuro (y un tema ska, sí, sí…), agresivo, pero lleno de melodías pegadizas que lo hubieran tachado de pop si no hubiera sido por la velocidad y la distorsión de sus guitarras.
Además, líricamente, las canciones son tan variadas como la vida misma, tratando temas sociales como la violencia y las armas en los colegios; otros, temas más emocionales, adolescentes tal vez, como la sumisión y la renuncia a la autoestima por la persona amada, e incluso temas personales o autobiográficos, pues según el propio Dexter (cantante de la banda), “Gotta get away”, a diferencia de “Self esteem” (al parecer ésta habla de un amigo suyo y no de él), trata la presión que sentía cercana la fecha del cierre de grabación del disco. Y otra cosa también dentro del aspecto lírico, el disco está muy bien construído a base de coros acertados. Qué importantes son los coros…
Sin duda, la insignia de este Smash, aparte de sus canciones, es la portada del album. Un esqueleto visionado como por X-Ray, que pretende transmitir la descarga que supone el contenido del disco: rabia, sentimientos de muerte, suicidio, violencia, más adicción y abuso. Vaya tela.
Smash fue el disco de la escena independiente más vendido después de Gish de The Smashing Pumpkins de 1991, y en 1994, uno de los discos más vendidos, junto al ya comentado Dookie de Green Day. En cualquier caso, todo lo que ocurriera después, es cuestionable. La trayectoria de Green Day y la de Offspring, aunque igualmente longevas y en activo más de 15 años después, dejaron de ser paralelas para de alguna forma divergir en distintos puntos. El resto es cuestión de gustos.
Aunque (sí, no puedo evitarlo) el siguiente Ixnay On The Hombre fuera un muy buen disco, no estaría más que un poco por debajo de Smash, siendo un producto nuevo tejido con el mismo patrón. Me atrevería a hipotizar públicamente que el propio grupo era consciente de esta estratagema y no del todo seguros de qué hacer después, decidieron tomarse un largo letargo de varios años hasta que apareciera Americana, y con él, videoclips en todos los canales de televisión y emisiones en todas las emisoras de música pop. Además (sí, se ha abierto la lata), en casi todo lo que vendría después, habría al menos una o dos canciones con clarísimas reminiscencias de este ENORME Smash. Y aquí me muestro condescendiente al utilizar la palabra “reminiscencias”.
En cualquier caso, y críticas aparte, Smash es brutal, increíble. Es un discazo y este grupo lo sabe pues por muy inestables que sean en directo se siguen apoyando mucho en lo que un día fueron aunque su frontman Dexter se cortara el pelo y dejara de dar botes y toque cada día menos la guitarra. Cada uno envejece a su manera y es totalmente respetable. Además, es de bien nacido el ser agradecido, y cuando no eres más que un niñato adolescente, guiri, en los EE.UU. y llevas, orgullosísimo de ti, tu camiseta achinada y hecha polvo de tu disco favorito del que un día fue tu grupo favorito, pegando botes escuchando a Bad Religion en un Warped Tour en San Francisco, y cada individuo que podría ser tu amigo si hubieras nacido en ese país demasiado grande, te para para darte la mano y decirte “Hey man, I like your shirt” y te levantan su dedo pulgar, tú con cara de tonto sólo puedes sonreír y asentir con la cabeza, y por dentro dar mil gracias por lo que un día fue y nunca jamás se volverá repetir. Un disco irrepetible de un grupo repetitivo.
Escrito por fibor 
Escrito por fibor