Weezer, por Weezer

Abril 9, 2009

weezer-weezerblueTambién conocido como “el disco azul”, es el primer disco, homónimo, de Weezer, la banda formada en Los Angeles en 1992. Rivers Cuomo llevó al grupo a publicar su primer disco en 1994 y uno de los más exitosos del cuarteto californiano. Hoy por hoy, “Buddy Holly” sigue siendo una de las canciones del rock alternativo de los ’90 más tatarareada.

El primer concierto de Weezer fue teloneando a la banda de Keanu Reeves, bajista en los Dogstar. Grabaron su primer disco en New York City, en Electric Lady Studios, proceso durante el que cambiaron un miembro para consolidar el grupo: Rivers Cuomo (cantante y guitarrista), Matt Sharp (bajista y corista), Patrick Wilson (baterista y corista) y el nuevo Brian Bell (guitarrista y corista) que sustituía al miembro fundador Jason Cropper. En mayo de 1994 publicaban el disco con la intención de no editar ningún single y esperar a ver los resultados del boca-a-boca. No obstante, al poco de la publicación del album, un DJ de una emisora de radio de Seattle empezó a retransmitir “Undone – The Sweater Song”, y visto la buena respuesta del público en California, terminaron por editar la canción en formato CD-Single. Acto reflejo, realizaron un videoclip sencillo y económico con mucho éxito en la MTV.

El mismo director de su primer video, Spike Jonze, fue el encargado de dirigir el de su segundo single del disco, “Buddy Holly”. Aprovecharon el filón de una popular serie americana cómica de los ‘70, llamada Happy Days para representar una actuación en la cafetería de la serie. Con este segundo videoclip, fueron nominados a numerosos premios MTV y Grammy. Actualmente, el disco debut está certificado como triple platino y el más vendido del grupo en toda su carrera.

Tiempo después, los miembros de la banda afirmaron que sentían mucha impotencia en los inicios del grupo pues se consideraban muy buenos y tocaban a menudo en bares pequeños de Los Angeles, pero la respuesta del público era algo parecido a “largaros de aquí, queremos una banda de grunge”. Sin embargo, tiempo después sus pensamientos se vieron reafirmados con las cifras de ventas de discos, gracias a la promoción de la que al principio carecían y a la retransmisión radiofónica y televisiva de sus primeras canciones. Y toda esta situación se torna paradójica al tener en cuenta que el repertorio era exactamente el mismo, antes, durante y después.

Gran parte de la consolidación de su sonido es debido gracias al juego de voces que se esforzaron en mejorar durante los ensayos, en un principio por la comodidad que sentían que aumentaba cuando todo el peso de la voz cantante no radicaba en un solo individuo. Llegar a esta buena armonía de voces les supuso muchas horas de práctica y ensayo, acentuando el falsetto con el que uno de ellos tenía que cantar una octava por encima de Rivers, la voz principal.

La banda tuvo que recortar su repertorio de quince canciones a diez, las que finalmente entraron en el disco dejando el resto como material de b-sides. Su primera intención era auto-producir el disco pero fue bajo el consejo de Geffen Records que aceptaron grabar con Rick Ocasek como productor, quien les convenció de tocar con las pastillas del puente de sus guitarras en lugar de las graves de mástil.

La mayoría de las canciones están compuestas y escritas por su líder Rivers Cuomo y hablan sobre temas como el accidente de coche de su hermano, el alcoholismo, los amores rotos y los celos.

Tiempo después de su publicación el album recibió las críticas que merecía desde el principio, por ejemplo, los lectores de la revista Rolling Stones lo situaron como el 21º mejor disco de todos los tiempos, y Pitchfork Media lo situó entre los mejores 50 discos de los ’90.

“Uuuuiiiiuuuuu I look just like Buddy Holly, ohh oh…”.


Poligamia, por Los Piratas

Diciembre 11, 2008

los_piratas-poligamia-frontal¡Al abordaje! debieron pensar este colectivo de vigueses cuando decidieron nombrar a su pequeño sueño comúnmente extendido de banda de rock, Los Piratas. Un nombre facilón para una banda tan compleja.
Fusionando pop, rock, underground, electrónico… Los Piratas es el grupo español que, a mi juicio, más ha merecido y poco ha recibido.

Se iniciaron con una maqueta con un repertorio de diez temas en directo. Buen sonido, buenas letras, buena música, comercial, tirando a convencional, pero sonaban bien, sí. Poco después, ese disco autodenominado Los Piratas serviría para dar forma a su primer LP, Quiero hacerte gritar. Con muchos temas en común con su antecesor, parecía más de lo mismo, pero con pequeñas pinceladas de genialidad popera.

El siguiente disco sería este Poligamia, mucho más elaborado, un sonido un poco más rock, con algunos de los himnos más incuestionables de la banda, y como antecesor de una serie de cambios radicales en el sonido de cada disco por venir: Manual para los fieles, Ultrasónica, Relax… y mil un discos de rarezas y series B, más un recopilatorio como colofón final marcado por un cambio de mentalidad creativa y un segundo final en forma de recopilatorio en directo.

En Poligamia, como su propio nombre indican, se mezclan músicas que aparentemente vienen traídas por distintos padres. Un cover del dichoso “Dime que me quieres”, colaboraciones pop con Mikel Erentxun, creaciones ultra geniales como “Promesas que no valen nada”, ramalazos psicodélicos en “Viviendo en el modo D”, “Suso Martínez Romero”, sinceridad lírica crítica “Reality show”, “Loco”… venazos crudos, duros, rudos, “Condenado”… Como si una camada de conejos rockeros se hubieran entremezclado uniendo sus mil influencias para dar a luz a una gran familia. Con sus pros y sus contras, cuando se es “fiel” de este grupo vigués es inevitable cantar todas y cada una de las canciones de cualquier disco suyo. Lástima que terminaran separándose…

Quizá porque nunca se conocieron como se debía. Y no ellos, sino el público, cabe decir que por ejemplo, Ultrasónica, quizá el disco que más huella deja en la evolución del grupo, estuvo apunto de ser rechazado por su sello discográfico, salvándose sólo por el tema “Años 80”, que alberga toda una movida pop muy comercial ideal para emisoras de radio y serviría para de alguna forma dar salida al disco en todo un mercado que no se esperaba lo que guardaban en el resto de pistas. Y eso que es la canción más pastel de Los Piratas (que me perdone Amaral).
Pues la calidad de este grupo era incuestionable, sólo ellos eran capaces de evolucionar a cada disco, o de juntar en un mismo concierto a tres personajes dispares como la propia Amaral, El Drogas de los Barricada (para toda la vida) o el caprichoso Bunbury de Héroes del Silencio. Los Radiohead españoles, señores.

Un talento impresionante que sólo cometió un error, lanzarse en el mercado inadecuado. Si hubieran sido ingleses… uff, cuantísimos conciertos de Radiohead y The Pirates hubiéramos visto en común (¿quién telonearía a quién?), pero noooooo, tenían que ser hispanos, o peor aún, ¡españoles, de la península! En un mercado que poco puede hacer que seguir mamando de personalidades poperas marca de la casa, o rebuscando entre todo lo que otros mercados extranjeros rechazan para lanzarlo en nuestras emisoras de radio. Para un grupo que se atreve a experimentar, a poner sus inquietudes creativas por encima del hacer dinero, la Sala Bikini en Barcelona, o la Riviera en Madrid, se queda pequeña, no me jodan. Pero en fin, el número de entradas vendidas no les debió acompañar demasiado nunca, así como la cantidad de discos vendidos.

Decepción, desilusión, lo que fuera, repetirse una y otra vez que en el siguiente disco lo logran y darse de morros contra el suelo debió acabar con su perseverancia, sólo recompensada en las lágrimas en los ojos de todos los asistentes a sus bolos que pedían reflejar la sensibilidad que su música les transmitía.

Algo tenía esta banda que hace que dos personas totalmente diferentes, al tener en común a este grupo como referente entre sus dispares gustos musicales, les haga mirarse con ojos de complicidad e historias en común. Por primera vez, una tripulación de Piratas albergó un enorme tesoro y en lugar de enterrarlo decidió dejárselo a todos nosotros, enfermos de la música, como un gran legado de comprensión, apoyo, y palabras que necesitarás oír en distintos momentos de tu vida.


Is this it, por The Strokes

Julio 12, 2008

Los Strokes son la prueba de que no hacen falta grandes músicos virtuosos necesariamente para que un grupo de música triunfe, sino tener y dominar esa pequeña gracia de hacer canciones. Saber enganchar al público a base de melodía no es cosa fácil, aunque estos chicos neoyorquinos hagan que lo parezca.

Con una portada más que sugerente presentaban su 1er disco en Europa y en el resto del mundo, menos en EE.UU., país donde la portada fue sustituida por otra más “moral”, propia con la política del lugar. El disco fue muy aclamado y recibió numerosos premios como reconocimiento, además de listarlo dentro de los mejores 500 discos de la historia del rock muchas listas de revistas y empresas del sector. Sin duda, es uno de los grandes discos debut de entre muchas bandas.

Como veníamos diciendo, sus canciones son realmente sencillas de tocar, muy rítmicas y melódicas, sólo hace falta empezar por el principio con el tema homónimo “Is this it”. Parece una balada pues no usa ningún recurso de distorsión de sonido, y es una de las canciones más tenues del disco. Pero es increíble. Y tan sólo escuchar el sonido del bajo, es escuchar cómo suenan cuatro simples notas muy bien puestas, demostrando que se puede tocar bien el bajo sin necesidad de dominar técnicas más complejas. A este tema le siguen canciones de buen nivel, destacando “Modern age”, “Barely Legal” y el single “Someday”, un tema muy feliz. Además, otros temas como “Last nite”, “Hard to explain” o “New York City cops” (letra modificada por coincidir con los atentados del 11-S) son altamente recomendables, sin tener en cuenta el tema que cierra el disco “Take it or leave it”, otra pieza maestra.

En conjunto, el disco está muy bien trabajado, de manera uniforme, pues todas las canciones, aún sin caer en la repetición, siguen un patrón similar que dota al disco de una total armonía y coherencia. Buenas melodías, convertidas por buenos músicos (que no virtuosos, pero que sí saben poner cada nota en su lugar), perfeccionadas con una gran producción (hay mucho trabajo de estudio, no ya en el disco, sino en el grupo en sí) y un efecto sonoro de voz que alza el trabajo del vocalista Julian Casablancas, que es bueno, pero en directo… discutible (podemos achacarlo al alcohol, si queremos). En definitiva los Strokes son el resultado de un gran trabajo conjunto de distintos miembros, pues, aunque indudablemente el grupo debió iniciarse por la ilusión de tocar en una banda de rock’n’roll, el trabajo de producción e imagen sobre el grupo es excepcional.

Por otro lado la polémica desatado con la portada del disco también forma parte de esta estrategia de imagen, que sin duda fue clave en los inicios de la banda y, siempre acompañada del buen trabajo de los músicos (hace falta insistir), sirvió para despertar expectativas de cara al posible seguimiento de la banda en sus seguidores para discos que tenían que venir. Como decimos, el disco no se queda corto en producción y trabajo de estudio e imagen, pero no por eso se debe desmerecer su contenido. Su único defecto (y cuestionable): es un disco demasiado corto.

Es curioso que las palabras “Is this it” del título no se cierren con un “?”, pues sin él parecen necesitadas de un pequeño detalle que dé el significado conjunto a las mismas. No obstante, tratándose de una pregunta retórica, está claro que no hacía falta ningún signo de interrogación final, pues, escuchando el disco, no había ninguna duda de que no, sin duda, la cosa no acababa ahí. No había suficiente para estos chicos malos de Nueva York que todavía querrían más. No te cansarás de escucharlo.