La locura es un término que se utiliza con demasiada facilidad en esta nuestra sociedad. Cualquier persona realizando una actitud impropia de un ser apagado y convencional es denominada con el adjetivo de “loco”. No obstante, es un concepto muy serio, extremadamente, y una enfermedad de la que sufren millones de personas, en este, nuestro planeta. Esquizofrenia, paranoia, psicosis… voces incontroladas que retumban en la cabeza de alguien y sólo se las puede callar agarrándose al sueño, la depresión en cama, a pastillas, o cayendo en el orden que imponen sus palabras. Peor mal que el de no poder controlarse uno mismo, no debe existir.
En 1991, en el hospital psiquiátrico El Borda, se llevó a cabo una iniciativa a través de la cual pacientes diagnosticados como locos, o “colifatos” (adjetivo simpático para denominar al pequeño locul), daban salida al mundo a toda esa presión que sus enfermedades acarreaban. Un programa de radio veía la luz: Radio La Colifata, denominada así por uno de los mismos pacientes. Desde entonces mucho ha llovido, algunos de los que llevaron la iniciativa han fallecido, pero sus palabras todavía resuenan en las ondas radiofónicas pues el bien que sus actos y versos llevaron a decenas, quizá centenas de pacientes del hospital no tiene valor mesurable. Este documental realizado durante diez largos años (según palabras propias del director) muestra la realidad del programa de radio, su evolución, la involucración de los pacientes, y de personajes archiconocidos como Manu Chao en este proyecto hasta a día de hoy. El documento es conmovedor. Pero gran generador de debate. Puesto que por un lado, como documento, está claro, audiovisual descriptivo, en orden narrativo, bien realizado, con bajo presupuesto. Pero como espectador, existe la visión del ser ajeno a esta realidad, que mira, entiende, sonríe, se emociona, acaba, apaga el televisor y de vuelta a sus quehaceres, o la visión del ser empático que alguna vez ha cruzado el umbral de la locura y sabe lo que vale sentirse cuerdo en un mundo de locos cuerdos. La segunda visión es mucho más pragmática. Pues el respeto y la admiración que despierta esta gente no tiene equiparación en números económicos, y resultados de éxito de un film cinematográfico.
Es increíble ver cómo se expresan estas personas, cómo sufren, cómo se emocionan, y todo esto demostrándolo de una forma inconcebible en nuestros vecinos del 4º. O en toda la gente en el interior de un vagón de metro. Por supuesto, soy un exagerado y todo el mundo tiene su corazoncito y realizar afirmaciones de este tipo es extremadamente osado. No obstante, los problemas que nosotros tenemos son ajenos a nuestro físico material, sin embargo, los de muchas de estas personas, viven día y noche con ellos, retumbando en el interior, sin poder escapar de los límites marcados por su piel. De esta forma es mucho más difícil deshacerse del problema, ¿no creen? Personas supuestamente locas, que no deficientes, que encuentran palabras para describir la belleza usando metáforas y comparaciones jamás ideadas por ningún poeta. Esto da que pensar, ¿qué fue primero? ¿la locura, en este caso, hizo al poeta? ¿O es el poeta, que por la incomprensión que sufre en nuestra sociedad por su forma romántica e idealista de ver la vida, no tiene otra que caer de lleno en la locura pues ahí se encuentra excusado de sus pensamientos y palabras?
Ahí va una pequeña estirada de orejas:
Documentales de este tipo sirven para demostrar a la sociedad distintas realidades que hay que conocer para con ello aumentar el respeto que unos seres sienten por otros. No obstante, esta concepción del poeta se debe someter a los claros fines comerciales omnipresentes, pero siendo, como en todos casos, consecuentes con nuestras palabras. Si pregonamos un interés humano, no reneguemos de su libre compartir. Pues aunque, según nuevamente, por palabras del director argentino, en su país el documental está censurado (al parecer, las fuerzas políticas y constructoras argentinas creen que el piso del hospital es idóneo para la construcción de bloques y viviendas de lujo, con lo que no quieren nuevas propuestas), existen otros medios para su difusión, y si supuestamente lo que se pretende es defender y mantener el hospital y la radio como están, el propagarlo, por ejemplo, y sin mirar a ninguna pantalla (este chiste es mío), por Internet, no debería detenerse por la carencia de ganancias económicas. Y si no, que se lo pregunten a Manu Chao, pequeño personaje con los bolsillos de verde que no se corta para con estos colifatos. Pues pedir este tipo de iniciativas solidarias y alternativas a la Coca-Cola, sí parece propio de un mundo de locos, ¿y sin embargo?
Escrito por fibor