The Drums, por ellos mismos y sus santos co*****

septiembre 20, 2010

Ea! Así de contundentes los presentamos, puesto que así de contundentes suenan. Y es que el disco de los The Drums es tal vez el disco que recomendaría este año si tan sólo pudiera recomendar uno: un disco redondo, de principio a fin, en el que todas las canciones suenan a The Drums.

Nueva York está de enhorabuena, o en una de sus mejores rachas en estos últimos años en cuanto a grupos nuevos se refiere, pues si desde The Strokes no me sorprendía tanto con una banda neoyorquina nueva, en poco menos de un año los Vampire Weekend y los The Drums se han hecho un hueco a base de insistencia y genialidad en mi estantería de discos. Si los primeros suenan a originales y a frescos, los segundos no se quedan cortos, aunque sí hay que decir que su sonido recuerda a The Cure, Joy Division o The Smiths, hasta a los Depeche Mode, pero con despuntes de mucha actualidad. Y es que los The Drums no son más que otra oleada de buenrollismo, aunque muchas de sus letras resulten tristes por la crudeza de sus palabras y otras hablen de rupturas y de amores inigualables. Será por la reverb o por la actitud de su cantante Jonathan Pierce, pero sea por lo que sea, estos nuevos vestidos de retro lo hacen bien, gusten o no gusten sus pantalones apretados o sus peinados “modernillos”.

Los The Drums son otro claro ejemplo de lo “fácil” que puede resultar hacer música, ya que sus canciones no se componen de más de dos o tres acordes, de un par de líneas repetitivas pero pegadizas de guitarra, armonías muy marcadas por la melodía de la voz, etc, pero es que lo complicado no está en saber tocar dos guitarras y una batería (aunque sí un poco en cantar así de bien…) sino en saber encajar las piezas de manera que el conjunto resulte tan completo y redondo. Si Vampire Weekend destacaba entre otras cosas por ser también buenos músicos y relativamente innovadores por la unificación de distintos estilos tropicales, The Drums se limitan a hacer pop eléctrico, facilón, “rasca guitarras”, pero lo que tienen en común es que ambos son igual de bailongos, buenrollistas y entretenidos, y con un especial dominio de sintetizadores (hay que decir que los dos amigos y miembros fundadores de The Drums llevaban haciendo música electrónica desde que se conocieron).

The Drums me parece un grupazo, y así de claro lo digo. Sin miedo a que suene a esta palabra que mucho se aplica hoy en día como es “hype”, ni que nadie me tache de algo que no soy (un popero de mierda), pero insisto en que hay que saber ver la calidad por encima de la forma (aunque para mí sea más complicado cuando esta forma se trate del pop), pero sobretodo saber reconocer cuando un grupo logra transmitir un feeling (hablamos de música, no de fútbol, ¡atención!), un rollito, un algo, que otros tantos no alcanzan si quiera a hacer intuir. Y además, ¡qué cojones! ¡qué carajo! Son realmente pegadizos, como la canción “Let’s Go Surfing”, escuchar a los The Drums es como montarse en una tabla de surf radiosónica y empezar a surfear acordes y melodías, es como coger un camino de una única dirección: siempre adelante, y adelante es hasta el final del disco, ya que cuesta mucho seleccionar tan sólo un corte o dos, no por no haberlos preferidos, sino porque no por ser menos preferidos apetece menos escucharlos. Ah, y hablando de preferidos, “Forever And Ever Amen” sea tal vez el mío ¿ya tienes uno tú?

El guitarrista de la banda Jacob Graham dijo en una ocasión que si la reverberación no existiera, seguramente ni se hubieran planteado formar el grupo. Yo digo que maldito el momento en que no tuve problema en verlos de lejos en el Primavera Sound de este año, ya que para entonces, y aunque parezca mentira después de haber afirmado que sería mi “El disco del año” a recomendar, la primera vez que los escuché me parecieron un poquillo lentos, faltos de ritmo y garbo… Hoy, jamás más lejos, ¡si el cantante no tiene garbo, yo no sé qué es eso! De sabios es rectificar, y todavía más, no ocultar los errores cometidos. Por suerte, The Drums estarán tocando nuevamente en Barcelona este mes de noviembre, y por desgracia, lo harán sin su segundo guitarrista que ha abandonado el grupo recientemente (así lo anunció en el facebook del grupo, dicen por ahí), y por si no fuera poca desgracia, estarán tocando a escasos 200 metros y a la misma hora de donde estarán tocando Vampire Weekend… Yo sé de otros promotores y calaña comercial a los que tampoco les iría mal rectificar ¬¬’

P.D.: Sí, efectivamente, da rabia, eh? Un post totalmente escrito por fanatismo apasionado y obsesión incondicional de “mola porque mola y punto” sin raciocinio alguno, por un grupo de poperos que no se corresponde con la puesta en escena del grungero rockero que digo ser… esta es la grandeza de la música, ¡anda que no molan!

P.D.2: Ante no saber conformarme con tan sólo un video, pongo otro más…


Contra, por Vampire Weekend

septiembre 16, 2010

No sé qué tendrá la horchata para que cuatro chicos de Nueva York se fijen en ella y le pongan título a una canción (sin desmerecer eh, que a todos nos gusta servidita bien fría), pero sí sé lo que tienen estos cuatro chicos de Nueva York para que desde el CRDO Chufa de Valencia les envíen muestras de auténtica horchata valenciana hasta Los Angeles para que la degusten. Sin embargo, hay quien piensa que la canción hace alusión al Agua de Horchata, una bebida mexicana tradicional… Ahí queda. En cualquier caso, este fin de semana vampírico se hace mucho más fuerte y sediento de sangre con este segundo disco: Contra, título el cual hace alusión al mítico videojuego de los ’80 en MSX2. Y aquí están, con primos y sin ellos, trayendo más frescura y sonidos nuevos a base de reminiscencias tropicales pasadas por sintetizadores que les otorgan un sonido más moderno que presente.

Algo más que suerte hay que tener para con sólo cuatro años como conjunto ya estén encabezando numerosos carteles de los festivales más reconocidos alrededor del mundo. ¿Tal vez talento? E ideas nuevas. Y no vamos a negarlo, una voz cojonuda, enormes melodías, sonidos extremadamente agradables, ritmos bailongos como de ska pasados por un ordenador, hasta un mínimo pasable por alto de reggaeton… Sea quien sea la chica de la portada (motivo por el cual han ido a juzgado), debería estar más que satisfecha de haber sido plasmada en la portada de un LP con 10 cortes de un paladar más que notable. Alejados de lo rudo, de la rabia, de las malas apariencias y del enseñar los dientes, se refugian tras la frescura, alegría, desenfado, y ocasionalmente y en vivo, gafas de pasta. Porque tampoco vamos a negar que este grupo alternativo pueda pertenecer perfectamente a una oleada de modernos sin freno dispuestos a monopolizar todo lo guay. Pero como he comentado recientemente a través de un chat, la calidad viste de muchos colores. Y no por ser estandarte de esta corriente de la cual soy altamente escéptico, hay que desmerecer o restar mérito a lo bueno.

Me gustaría hacer especial mención a la voz cantante. Ezra Koenig, de familia judía, hace gala en ya los dos discos de la banda de un gran abanico de posibilidades con su voz. Y es que lo que podría ser un grupo de modernos, indie alternativo, una banda “de corriente”, un grupo sólo bueno “de estudio”, que pinchara por los cuatro costados en directos, entre otras cosas, por numerosos gallos a la voz, pérdida de registro, afonía y demás… sin duda no lo es ahora. No hay más que echar un vistazo a videos en ese portal que todos conocemos de esta banda en directo, o hasta en acústico (efectivamente, ya hay todo un MTV Unplugged), para darse cuenta que lo que canta este tío, lo canta de verdad, desde el diafragma, las tripas, o desde el corazón… desde donde sea, pero de verdad, y extremadamente bien. También podríamos destacar sus aptitudes como letrista, pero no sería de extrañar si tenemos en cuenta que el tipo escribió y compuso su primera canción con diez años.

Para un escéptico grungero empedernido como servidor, es una banda que entra con un “bueh, algunas canciones están bien, pero no matan”, para evolucionar a un “no están mal, son originales” hasta convertirse en un “joder, son realmente creativos, originales, y porqué no, incluso pegadizos”. Y es que de vez en cuando, al conectar tu mp3, suena una canción que te resulta muy, muy buena, muy placentera, acogedora, como descalzo por la moqueta del salón o recostado en el sofá, de buen humor, del buen rollito (¿puede ser todo esto una canción? Sí, ¡y mucho más!)… y de repente piensas “hostia, ¿y de quién era?” porque te suena pero no caes de dónde, y ahí vas en un momento de curiosidad, miras la pantalla iluminada de tu reproductor, y ¡sorpresa! Los del finde vampírico.

No sé qué pasará en su tercer disco, pero me huele que esta banda ha venido para quedarse, y si sigue evolucionando como lo ha hecho desde su primer homónimo LP con aquel single que incluso he llegado a odiar (a-punk…) pero que tiene algunas otras canciones que ya me llamaron la atención (oxford comma…), puede llegar a ser una banda más importante de lo que ya es ahora. Y no para servidor, sino para revolucionar un panorama musical que en ocasiones parece viciado al estancamiento. Con todo esto y un bizcocho, mojaremos en horchata y merendola pa la saca.


Instant Coffee Baby, por The Wave Pictures

abril 21, 2010

Siguiendo la línea de sorpresas agradables, The Wave Pictures y su disco Instant Coffee Baby protagonizan la que hoy nos hace soltar un “aivá”. Estos tres jóvenes británicos son una bocanada de aire fresco dentro del gran abanico de grupos nuevos lanzándose a las fórmulas radiofónicas todos a una con el mismo sonido repetido hasta la saciedad. Pues el disco que hoy presento compuesto prácticamente en su totalidad por David Tattersall, vocalista y guitarrista del grupo, contiene trece singulares cortes de melodías pegadizas y de una simplicidad llevada al extremo que nos recuerda a todos aquello de “en lo simple está lo bueno” (¿o era lo bello? Qué más da). Porque, ¿para qué darle más vueltas? Si con cuatro letras divertidas y originales, tres acordes bien encontrados, una voz peculiar y de vez en cuando un solo de guitarra bien puesto ya lo tenemos todo. O no. Nos faltaría una actitud fresca y suelta, fuera de ataduras y de elementos de iconos estereotipados, para ahora sí, poner el mantel sobre la mesa y servir un suculento manjar.

Y es que la temática central impresa en el disco y en todo el libreto que lo acompaña no es más que manteles de distinta estampa. Así de sureños son. Así de campechanos suenan. Simples. Sencillos. Ni modernos, ni con tupé, sino con una Fender Stratocaster y un puñado de buenas canciones. Pam, sin más. Ahí sueltas, todas ellas, sobre la mesa. Cada una distinta entre ellas pero que tranquilamente formarían decenas de combinaciones diferentes para un menú de ocho euros perfectamente apetecible para nuestro paladar musical. Además, gozan de una facultad difícilmente adquirible, que simplemente se tiene o no, como la capacidad de contagiar alegría. Fresca alegría. Desenfadada. No la que te hace brincar en un estallido de subidón mental, sino de la que te hace caminar con una sonrisa por la calle. ¿Hace falta algo más?

Aptitudes con los instrumentos no les faltan a estos tres jóvenes. Aunque cierto es que tampoco hacen música de virtuosos. Pero tampoco es un grupo para oídos virtuosos. Más bien es un grupo para todos los públicos, pues seguramente un espectador virtuoso no se atrevería a dejarse llevar entre ritmos marcados por aplausos, sino que restaría con actitud pasiva, analizando, y como mucho deleitándose de las artes de su elogiado. The Wave Pictures no buscan elogios, buscan divertirse y dar cabida a los montones de canciones que registran cada año. Prueba de ello son los muchísimos EP’s que se pueden encontrar por internet de este grupo desde el año 2000 en adelante, hasta que finalmente, en el 2008, publicaran este disco a manos de Moshi Moshi Records. Hoy tienen otro LP inmediatamente posterior (digo “inmediatamente” porque no tardaron más que doce meses en hacerlo) titulado “If you leave it alone”, en el mismo sello, y hoy por hoy ya contamos los segundos que faltan para la publicación de su nuevo disco este mismo mes de abril. Pero es que además, estos jóvenes no paran pues también encontramos numerosas apariciones suyas inéditas en discos recopilatorios y hasta en un compacto tributo a Springsteen.

En definitiva, “Instant Coffee Baby” es como un café que te espabila de manera instantánea desde el segundo diez de la primera canción. Un disco altamente recomendable para cualquier admirador de talento musical. Y lo digo así, porque si te encasillas en un estilo concreto y te dejas llevar por sus tendencias estereotipadas, es muy posible que este folky-pop desenfadado ni empiece a entrarte. Sin embargo, si te dejas llevar y le dedicas un par de escuchas, es muy posible que desde la primera ya te conquisten. O así me ocurrió a mi.


The XX

noviembre 7, 2009

thexxcoverDe vez en cuando, el oportunismo espacio-tiempo hace coincidir a individuos capaces de hacer de esa coincidencia algo grande. Este es el caso de The XX, cuatro veinteañeros británicos del sudoeste de London Capital City: el espacio fue Elliot School, escuela de la que han salido notables artistas, actores y músicos, como por ejemplo Peter Green (fundador de Fleetwood Mac) o Kieran Hebden (más conocido como Four Tet), mientras que el tiempo, en algún remoto momento de 2005.

Romy Madley, Baria Qureshi, Oliver Sim, Jamie Smith: cuatro nombres que a priori no significan nada. Exactamente lo mismo que debían significar los nombres de los miembros de Sonic Youth en sus inicios. Sólo por poner un ejemplo, eh. Oh, escándalo, ¿estará comparando a estos rookies con los grandes y no-sólo-ruido Sonic Youth? Porsupuesto que no. Pero sí creo que The XX, con este primer LP, demuestran unas ganas y una osadía por experimentar, probar, e intentar resultar diferentes. Exactamente igual que Sonic Youth en sus inicios. Con una diferencia: si Sonic Youth buscaba la diferencia en los distintos sonidos que podían extraer de la distorsión y saturación, The XX optan por la vía totalmente opuesta: un sonido limpio, minimalista a rabiar, dos guitarras prácticamente sin acordes (y en ocasiones tan sólo una), un bajo muy lineal, teclado “auxiliar” (que no me lea ningún teclista, porfavor), y una caja de ritmos con mucho gusto, gracias. Ah, claro, y dos voces que rozan la línea entre la sensualidad y la sensibilidad extrema. De esas que parecen decir, “acércate a tirarme los trastos que soy tímida”.

Poca broma y vamos con la estadística. The XX entraron directamente con su disco debut en el puesto 9º de la lista de Los Futuros 50 de la revista NME. El LP salió a la venta el último 17 de agosto y el 18, su single “Crystalised” ya era elegida canción de la semana. El próximo 9 de noviembre actúan en Barcelona (Razz 2) y las entradas están agotadas (no, yo no tengo una…). Y todo esto con una música cercana al chill-out, según algunos “indie” (esa extraña palabreja, sí), y según otros “dream-pop” (¿qué coño será eso?). En cualquier caso, esto puede querer decir que algo está cambiando. O simplemente que andamos tan estresados que necesitamos música capaz de relajarnos sin llegar al extremo de hacernos dormir de aburrimiento.

Porque XX no es un disco con el que aburrirse, nada más lejos, es un disco que cautiva, corto, sí (si hay alguna pega, es esa), pero que gracias a esta breve longitud nos deja con (muchas) ganas de más. Además que porqué quedarse corto, la voz femenina que nos canta al oído es toda una delicia (que bueno, el chico tampoco lo hace mal, vale), y construyen melodías pegadizas, pero no pegadizas al estilo radiofórmula, sino pegadizas de las que caminan contigo metiéndose en tu cama casi sin darte cuenta. Y no es poco meterse en la cama de alguien sin que éste se dé cuenta, y mucho menos con esas pintas de vestimenta oscura, triste, depresiva, rozando la antisociabilidad (eso sí, que no falte la gomina en el cabello). Pero no seremos nosotros quien juzgue, pues quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Es un disco que me ha recordado lo sano que es arriesgar, y que cuando sale bien, la sorpresa es todavía mayor, gratificante y satisfactoria. Claro que, no siempre nos salimos con la nuestra, pero mientras el riesgo sea tal como comprarse el disco de un grupo la primera vez que lo escuchas, ya ves tú. La única (segunda) pega que le podríamos poner al disco y al grupo, es que en su versión vinilo (que porcierto, suele ser más cara) incluyen un bonus track inexistente en el formato CD. Está claro que por muy “guays” que sean, lo que se lleva es lo que se lleva y las tendencias son las tendencias.

Para que esta última crítica no haga mella en el santuario de alabanzas que he intentado levantar hacia The XX, os invito a explorar sobre este grupo y a escuchar su primer disco autoproducido (¡sí!).


The Empyrean, por John Frusciante

mayo 11, 2009

empyreanEl 20 de enero de 2009 salió a la venta el 10º album de estudio en solitario de John Frusciante, guitarrista de los Red Hot Chili Peppers. Parecen muchos discos y lo cierto es que lo son para un guitarrista “a priori” tan ocupado con una banda de éxito. Sin embargo, si tenemos en cuenta que cinco de éstos se publicaron en un año y con una extensión rara vez superior a la media hora y de producción bastante minimalista, el listón rescinde un poco su altura. Además, los primeros dos discos son de calidad cuestionable (que me perdonen los fanáticos que proclaman el Niandra LaDes como su mejor disco), habiendo incluso retirado de la venta el segundo por el bajo nivel que presentaba y por las connotaciones del momento del artista. Así podríamos ir sacando punta a esta lista de discos en solitario hasta quedarnos con sólo tres LP’s: To record only water for ten days, Shadows collide with people, y The Empyrean.

The Empyrean fue registrado entre 2006 y 2008 y refleja una historia, conceptualmente, entre un individuo y sus otros Yo que en él habitan. Así, el propio Frusciante lo proclama como un album conceptual que hay que escuchar “a volumen muy alto y en una habitación a oscuras”. El disco ha recibido críticas notables por la prensa especializada, situándolo en la Billboard americana en el puesto 151 de salida y en las listas británicas en el 105. No se planea ninguna gira de presentación pues John prefiere dedicarse a seguir componiendo y escribiendo. The Empyrean cuenta con la colaboración de su amigo y compañero de banda, Flea, al bajo, también del miembro fundador de The Smiths John Marr y el habitual en sus discos Josh Klinghoffer, músico desde la adolescencia que también acompañó a los RHCP como guitarrista y corista auxiliar en la gira de Stadium Arcadium.

El disco presenta nueve temas originales y una versión de “Song to the siren”, del disco de 1970 de Tim Buckley, Starsailor. En cuanto al resto, canciones melódicas, con guitarras que nada tienen que ver con el funky que transmite a las seis cuerdas en su banda principal y grandes ejercicios de voz, desde falsete a otros registros y doblándose en múltiples pistas. Personalmente, destacaría del disco pistas como la introductoria “Before the beginning”, tema instrumental de nueve minutos con una de las guitarras más destacables de todo el LP y una batería a tempo tranquilo pero muy acertada. Además, “Unreachable”, “God” o “Dark/Light” son temas con una melodía muy acertada junto a multitud de efectos de sonido doblando la voz, delays de guitarra y mucha composición sobre teclado. Quizá uno de los mejores temas del disco sea “Central”, otro de los temas largos de más de siete minutos y quizá el gran éxito del album.

Con letras muy sinceras y personales, Frusciante sigue haciendo gala de su particular forma de ver la vida y sentir la energía que le rodea, quizá lagunas de su profundo contacto con las drogas duras en periodos pasados de su vida, pero gracias a las cuales ha logrado salir de ese profundo y temible pozo. Siguiendo con la canción “Central”, el loop lírico final que expresa “you gotta feel your lines” puede que sea el que mejor refleja este sentimiento, expresando la obligación del artista a sentir las letras que escribe. El loop completo dice así: “I’m dreading a time that is not near, as a man on a cross I have no fear, I can’t believe this words I’m saying, you gotta feel your lines, you gotta feel your lines…”.

Nuevamente, Frusciante muestra su talento musical incuestionable, aunque, otra vez, nuevamente, quizá sin llegar por igual a adeptos seguidores suyos y escépticos de su carrera en solitario. Algunos seguirán esperando el definitivo disco de John Frusciante que le catapulte al posible éxito que merece en solitario, pero el caso es que quizá ese disco definitivo no se pueda sintetizar en un compacto, sino que está disperso en toda su obra, junto a RHCP y en solitario. Un hombre con un mensaje claro, intimista, el que la vida que él ha conocido le ha mostrado. Pero obviamente, no todos vivimos la misma vida, y todavía menos de la misma manera, por lo que para alguien alejado del “mainstream” como él, su reconocimiento debería llevar años reafirmado. En cualquier caso, dudo que su intención de sacar un disco en solitario sea la de catapultarse a la fama, pues de alguien que ha renunciado a una Fender Signature Series en múltiples ocasiones, difícil sería concebir que el objetivo de la fama sea el suyo. Más bien el de la necesidad de expresarse creativamente y compartirlo.


Pablo Honey, por Radiohead

marzo 11, 2009

radiohead-pablo-honeyO los anteriormente conocidos como “On a Friday”, en 1993 publicaron su primer LP, un primer disco más que notable que a pesar de su claro sonido pop-rock británico alternativo (sólo por poner unos cuantos adjetivos…) ya denotaba señales de que ese pop-rock no era nada convencional. A su vez, también reflejaba ciertos indicios que podían hacer preveer una evolución alejada de todo sonido estándar… o más conocido como comercial.

Muchos conoceréis este disco por su evidente exitoso single “Creep”, pero lejos de esta canción hay numerosas que merecen una especial atención, entre ellas, a mi entender la genial e irrepetible “Stop whispering”, pero también podríamos nombras otras como “Thinking about you” o “Anyone can play guitar” (una frase que porcierto sin saberlo habremos repetido muchos guitarristas haciéndola nuestra).

Pablo Honey muestra en la portada al recién nacido de una pareja amigos del grupo y su título viene de una frase pronunciada por un dúo de cómicos norteamericanos, Jerky Boys, que simulando una conversación telefónica decían “Pablo, Honey? Please come to Florida!” (parte del gag). Pero como veníamos diciendo, Radiohead antes eran On a Friday y se llamaban así dando honor al día de la semana en que ensayaban. Tras un parón de estudios universitarios, retomaron la marcha trabajando una larga lista de canciones de su líder Thom Yorke. Publicaron un par de EP’s sin éxito.

Un año antes de publicar Pablo Honey ya habían grabado Creep, el tema que encabezaría el disco. Según Collin Greenwood (bajista de la banda), la canción fecha de finales de los ’80 cuando Yorke la escribió estando en la universidad y la utilizaban como una inyección de moral para continuar con el grupo. Al parecer, en 1992, grabaron Creep apenas sin proponérselo y el hermano solista Greenwood intentó boicotearla pues ya había agotado su gusto por esa canción. Inexplicablemente, el productor de entonces encontró que esos ruidos extraños quedaban sublimes en el resultado final. Así, la canción que de entrada parecía un cover de Scott Walker (ídolo de la banda) terminó convirtiéndose en un CD-Single exclusivo, eso sí, con igualmente pocas ventas pero empezando a causar ruido: Radio 1 se negó a retransmitirla por considerarla demasiado depresiva.

Según la banda, al publicarse el disco en 1993, tenían la sensación de que más que un álbum debut era un disco recopilatorio de una banda sin nombre de todas las canciones que habían estado trabajando hasta la fecha. En realidad, la grabación fue muy rápida pues llevaban años tocando las mismas canciones.

Con el disco en la calle, la crítica no fue especialmente receptiva salvo algunas publicaciones especializadas del tipo Rolling Stone, que generalmente les daban valoraciones positivas. A mediados de 1993, “Creep” se había convertido en un hit en los EE.UU. y llegó al nº 7 de las listas en Inglaterra. En detrimento del resto del disco, “Creep” se hizo incontrolablemente popular, tratando la canción como la evolución del grunge hacia un sonido más exquisito. Radiohead pasó a ser visto el Nirvana-británico, ya que además compartían referencias como los Pixies o R.E.M. Pero todo esto no era más que una espiral en la que el grupo se sentía atrapado, sin poder escapar de la sombra de “Creep”, viendo como buena parte del público de sus conciertos abandonaba tras escuchar la canción sin prestar atención al resto del repertorio. Algo parecido pasó con la canción “Prove Yourself” cuand Yorke se dio cuenta que el público coreaba parte del estribillo que hace apología a la muerte. A partir de mediados de los ’90, el grupo decide erradicar el rastro de “Creep” y borrarla de sus actuaciones en directo, así como de sus compilaciones de videos musicales, sin retomarla hasta ya adentrado el milenio 2000.

A pesar de esto, la banda no reniega del disco, considerándolo un buen disco teniendo en cuenta el poco conocimiento musical que tenían en la época. En cualquier caso, ya no se sienten identificados con el mensaje pesimista de “Creep”, eso sin duda. Para la banda, el mejor tema de Pablo Honey es “Blow out” pero sin embargo, ellos mismos tratan su segundo disco, The Bends, como el primero de todo lo que sería Radiohead con los años.

En cualquier caso, hoy por hoy, Pablo Honey se sigue vendiendo a raudales y por algo será. Aunque sea un disco que entra en muchas estanterías por “Creep”, escucharlo es descubrir una caja de bombones sin descripción de cada variedad. Además, estoy seguro que Nevermind también entró en muchas estanterías por “Smells like teen spirit” y quizá sea la peor del disco (uuh, ¿qué ha dicho? cuidado, cuidado… muahaha). Pablo Honey es una prueba empírica más de que toda gran idea u obra tiene un buen comienzo.

P.D.: y cabe aplaudir a la banda por sus santos cojones, pues en el concierto en el Daydream Fest. de Barcelona no tocaron ni “Creep”, ni “Karma Police”, ni “No surprises”, y los que estuvimos allí no tenemos ni un sólo reproche, más bien, no pudimos más que aplaudir e intentar digerir el pedazo de espectáculo que acabábamos de ver.


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