Hay películas que dejan huella. Sea por su guión y la historia que narra, por la actuación increíble de su actor principal o por su acertado reparto secundario. Por su ritmo trepidante de acción o suspense, por hacernos llorar y emocionarnos como cuando éramos críos, por su deslumbrante banda sonora original o selección de temas… y las hay que dejan huella por su personaje carismático y su añorada alfombra. Ese es El Nota, un tipo singular, pacifista, que lucha por su derecho a recuperar su alfombra.
El Gran Lebowski es una comedia de los hermanos Coen, ya de 1998, que nos presenta un personaje como Jeffrey Lebowski, alias El Nota, un desempleado, vago y jugador de bolos de la ciudad de Los Angeles. Tras ser tomado por un millonario con su mismo apellido y atacado en su casa y meado en su alfombra, El Nota, acompañado por su (excesivamente) fiel amigo Walter, inicia una campaña por ser indemnizado al haberse visto en semejante despiste de los chicos malos. No obstante, se verá involucrado en algo mucho más grande llevado a cabo por su tocayo.
La película no fue ningún éxito comercial en su momento a pesar de las buenas críticas por la prensa especializada, pero tiempo después se ha convertido en un film de culto por sus carismáticos personajes, las escenas surrealistas en la mente de El Nota, sus particulares diálogos y su achispada banda sonora (encabezada por un tema de Bob Dylan), llegando a tener un festival propio denominado The Lebowski Fest, que se inició en Kentucky en el año 2002.
Sin embargo, todo esto no prueba más que El Nota está a años luz de un personaje de ficción, simbolizando mucho más: una forma de vida. El Nota es como un hippie fuera de época, un hippie contemporáneo que no necesita tocar la guitarra en el campo y cantar al lado de una hoguera sino que tiene suficiente con ir a la suya, sin demostrárselo a nadie. Fumador de yerba a la vieja usanza, escuchador de Creedence Clearwater Revival en cassette, jugador de bolos y bebedor de Ruso Blanco, El Nota es un tipo que se pasea en calzoncillos por un supermercado y bebe de morro de un cartón de leche sin importarle el dinero que tiene que pagar por ello. Acompañado de su (otro gran personaje) buen amigo Walter, un ex-combatiente de la Guerra del Vietnam, atado a su ex-mujer de la que lleva más de dos años separado pero sigue ocupándose de su perro y compartiendo la religión del judaísmo a la que se convirtió por ella. Un tipo de mucho carácter que siempre tiene algo que decir y una forma clara de imponer a los demás su manera de vivir la vida. Una extraña pareja que se convierte en un cóctel explosivo para una gran película.
El Gran Lebowski es una religión, bajo el lema “tu agresión no tendrá una respuesta en mi”. Es una forma de ver la vida, de vivirla. Es pasión por la dejadez, a su vez. Es una película llena de momentos lúcidos dignos de la mejor comedia de los últimos diez o quince años con un guión totalmente elaborado, nada predecible y fuera de lo común, lleno de momentos de humor intenso a raíz de la más grande tontería insignificante. Son unos personajes muy bien encontrados, con caracteres muy marcados y contrapuestos. Es una serie de escenas surrealistas en las que se juntan El Nota, los bolos y el sexo. Es una colección de las mejores camisetas de una película que jamás se hayan hecho y toda una camisa de equipo de bolos con estilo propio.
El Gran Lebowski es un fenómeno social más que un éxito comercial, pues en su momento causó controversia en la crítica entre sectores que la defendían y otros que se sorprendían que semejante película ridícula fuera del mismo equipo que ganó el Óscar con Fargo. Sin embargo, la sociedad hizo del film lo que es hoy: un film de culto, pues no se empezó a ver así hasta el año 2002, pasados cuatro años de su estreno y así hay varios rankings oficiales que hoy la sitúan entre las primeras diez de las películas más divertidas de los últimos veinticinco años. Pero es que además de –extremadamente- divertida, es inteligente, audaz, ingeniosa, creativa…
¿Echamos una partida a bolos? No sé por qué será pero siempre que la veo me entran ganas de jugar a los bolos. Y de ponerme con orgullo una de mis camisetas de El Nota y pasearme por la calle con la cabeza bien alta. The Dude abides.
Escrito por fibor 
Escrito por fibor