“I’m a fire and i’ll burn, burn, burn tonight”, qué poco se imaginaban lo que llegarían a arder tras publicar este, su cuarto disco, estos tres jóvenes escoceses. Y es que Puzzle sirvió, entre otras cosas, para darse a conocer fuera del Reino Unido como una de las bandas con un sonido propio más significativas de los años 2000. “Mon the Biffy!” es lo que gritan muchos de sus fans en sus conciertos, y hoy por hoy, nosotros sólo podemos decir “Olé!”, porque al que le gusta la música con carácter, y proviene de estirpes barriobajeras grungeras, no se queda sin reacción cuando suena este disco en su equipo de música.
Tres jóvenes escoceses de Ayrshire jugaban a hacer canciones pareciéndose a los grupos que idolatraban, imitando sonidos nirvaneros y poco a poco descubriendo los pedales de distorsión. De pronto, el sello Beggars Banquet se fijó en ellos y lograron publicar tres discos en tres años consecutivos, en los que experimentaron con sus instrumentos hasta encontrar un sonido un poco más personal. Con dinámicas extraídas de los Pixies, Fugazi, o los propios Nirvana, de suava-fuerte, lograron huir de los extremos para encontrar sonidos igualmente alterados pero que encajaban mejor para conformar un todo redondo. Redondo como les quedó este disco, Puzzle (con cambio de sello, ahora 14th Floor, de la Warner Bros), en el que encajaron todas las piezas para catapultarse al mainstream, éxito, reconocimiento, entrevistas en revistas especializadas, tattoos del logo en los fans, y quién sabe qué más…
Lo cierto es que son excelentes músicos, rápidos, técnicos, tres cantantes de primera línea, y sobretodo tienen muy claro cuales son sus roles para que parezca realmente complicado que un día se discutan y lo manden todo a tomar por culo viento. Simon Neil compone, escribe y toca la guitarra, influenciado por sus asuntos personales (muerte de seres queridos, amor eterno a su amada, etc), mientras por detrás y sin hacer mucho ruido, los dos hermanos Johnston tocan percusión y bajo mientras hacen los coros que todos querríamos en nuestras bandas. Riffs rápidos y muy poco lineales, contratiempos, silencios, cambios de dinámica, gritos… lo tienen todo, puesto que encima lo acompañan de melodías seductoras y pegadizas. Todavía recuerdo cuándo los descubrí, tocando de teloneros en junio del 2007, de los Rolling Stones en Barcelona, recién publicado el disco, y me dije a mi mismo y a mi hermano que me acompañaba “joder tío, cómo molan, son los Nirvana con un sonido actual”. Y es que ese neandertal sin camiseta y tatuado, con la guitarra a la altura del cuello prácticamente, ese otro neandertal pelirrojo pero con mejor vestir al bajo, y el rapado de la batería la liaron tan gorda como sus satánicas majestades, o más, y a plena luz del día. Es TAN grande salir de un concierto o festival en el que has descubierto un grupazo que no conocías hasta la fecha y llegar a casa e indagar…
Me gustaría hacer mención a sus tres anteriores discos, que a pesar de ser más dificultosos de escuchar, no tienen desperdicio por ningún lado y ya mostraban muchos indicios de calidad. Menos seguro estoy de su quinto album, Only Revolutions, que a pesar de ser bueno y seguir la dinámica, es todavía algo más suave que este Puzzle, y a mi pesar, demasiado orquestado. ¿Cosas del nuevo productor en EE.UU.? Tal vez… tan sólo espero que la mayor cantidad de recursos para sonar todavía más mainstream no les haga perder el norte y ese toque minimal, agresivo, que es lo que hacen sin más tres instrumentos y un puñado de pedales de distorsión. Prueba de ello son los directos en los que continúan sonando potentes, aunque algunas de sus últimas composiciones (“Mountains”, por ejemplo…) no lo hagan tanto.
Pero ¡atención! Se puede ser dulce igualmente sin llegar a la comercialidad, y prueba de ello es el tema acústico “Machines” del disco. En cualquier caso, desbordan originalidad, tanto en este disco, para servidor, un imprescindible de todo amante del grunge, punk-rock, etc, como en las mil y una excusas que han soltado para explicar el origen de su nombre: jugador escocés de fútbol del Ayr United, “Cliffy Biro” mal pronunciado en una noche de borrachera, acrónimo de una frase demasiado larga para escribir aquí, o nombre de otro jugador de fútbol finlandés del siglo XVII… para acabar diciendo, el propio Neil, que simplemente se trata de un nombre estúpido. En cualquier caso, queda claro que son futboleros.
Puzzle es un discazo: contratiempos ligeros, coros brutales, letras bonitas, bellas melodías, y riffs de guitarra que a más de uno le gustaría que se le ocurrieran a él. Todo ello para conseguir un sonido propio, distinto, original, y que pone al día a toda esa gente suelta por ahí que creía que el grunge había muerto con Cobain. Venga va… y lo mejorcito de todo, la energía que transmiten en directo. Por último, a ver quién descubre la relación entre la portada de este disco y el grupo irlandés Cranberries. ^^
Escrito por fibor
Publicado el 24 de septiembre de 1991, provocó La Gran Sorpresa (así, en mayúsculas) entre los miembros de la banda, su productor Butch Vig y del sello discográfico Geffen Records, pues en enero de 1992, ya había desbancado el disco Dangerous de Michael Jackson, el Rey del Pop. El hit single “Smells like teen spirit” y su videoclip, resultó uno de los temas más importantes del año y de la década, todavía hoy idolatrados. La prensa especializada se deshizo en elogios y tan sólo la revista Rolling Stone y el diario The Boston Globe se mantuvieron escépticos respecto al disco y al grupo. El tiempo hizo que se retractaran.
10 años han pasado ya desde que la banda de grunge de Detroit sacara a la venta su cuarto disco titulado Adore. Un disco que generó todo lo contrario por sus seguidores hasta el momento. Pues los agresivos y distorsionados Smashing Pumpkins sacaban un disco que según cómo sonaba a Depeche Mode. Bases electrónicas transgresoras. Una imagen poco común entre la banda, elegante y oscura. Todavía más oscura que todo lo anterior que habían sacado. Y letras dotadas de un romanticismo propio de su portavoz Billy Corgan, en su versión más intimista. Un disco poco adorado por sus seguidos, pero uno de los más aclamados y respetados por sus incondicionales.
Discazo de los neoyorquinos Sonic Youth, de los más destacables de los primeros años de la década de los ’90, antes de la oleada de discos del ’94. Así fue denominado como mejor disco del año 1992 por la revista norteamericana Entertainment Weekly. Actualmente el disco se ha reeditado en una versión extendida de disco doble más dvd, y en consecuencia un elevado precio, pero no hay mal que por bien no venga y la edición original sencilla de 15 temas se puede encontrar a muy buen precio. No se debe dejar escapar la oportunidad.