O el “Camino de los sueños” en América Latina. Es una película dirigida y escrita por el estadounidense de Missoula, Montana, creador de obras maestras como la serie televisiva generacional Twin Peaks, o películas de distinta índole desde la ciencia ficción de Dune hasta historias basadas en hechos reales como The Straight Story. De entre este repertorio de recursos, Mulholland Drive pertenece quizá a la senda de otras obras como Blue Velvet, o Lost Highway, explicando la historia, como en el caso de esta 2ª, en la periferia de Los Angeles, concretamente en Hollywood. Ganadora de varios premios en reconocimiento de la calidad del film (entre ellos la Palma de Oro al mejor director del Festival de Cannes 2001), no llegó a ganar el Óscar a mejor director, pero la repercusión mediática fue considerable.
Mulholland Drive nos sitúa en el interior de un vehículo, a manos de una joven morena (Laura Elena Harring) y dos conductores. De pronto una colisión provocada por dos coches haciendo carreras carretera abajo, hace que la chica, en pleno estado amnésico deambule desde el vehículo accidentado hasta la zona residencial más cercana, adentrándose en una casa desconocida para recuperarse. El hogar no tarda en ser habitado por la sobrina de la propietaria, Betty (Naomi Watts), una aspirante a actriz de Hollywood que ha venido a construirse un futuro. El inesperado encuentro de una mujer desconocida en el hogar fabrica una relación entre las dos mujeres que se ensalzarán en encontrar la identidad de la chica accidentada.
Como de costumbre no explicaremos más sobre la trama pues es deber de cada lector, si encuentra interés en estos textos, profundizar en el tema sobre la mesa por sí mismo, no obstante, cabe advertir, que uno nunca se queda indiferente post la visualización de una película de esta índole del Sr. Lynch. La atmosferización que consigue con sus películas sobre el espectador es increíble, aún cuando se le tiene cogido por la mano, no dejará de sorprenderte con algún pequeño detalle, obra de la casa sin duda, y que no te hará más que repetir “puto David Lynch”, sin ningún tipo de elemento de ataque, más bien al contrario, postrándote a los pies de este sublime director de cine no convencional, y no apto para todos. Sin duda, películas como Mulholland Drive, o algunas de las anteriores mencionadas, son las que alimentan más de un brote psicótico en pleno estado de hibernación. Lo cual hace pensar, ¿este hombre está bien de la cabeza? Habiendo visto sus primeros trabajos audiovisuales, como el corto Six Figures Getting Sick, ya entendemos que no, sin duda. Otra cosa es que no sea un desquiciado asesino psicópata, porque sin duda, dotado de ese genio propio de los genios, consigue focalizar toda su esquizofrenia en el arte que proyecta, materializándola y dotándola de sentido más allá de la admiración.
Sublime director, con sus sublimes historias y su sublime realización, sólo puede acompañarse de su estimado amigo Angelo Badalamenti, encargado de muchas sublimes bandas sonoras para sus películas. Músicas que suman cemento en la construcción de esa pequeña sala en la que te vas metiendo mientras ves la película y te succiona pegado al suelo (o a la pantalla) haciendo que un simple parpadeo sea un breve viaje a la realidad de tu habitación, comedor, o sala de proyección.
Mulholland Drive no es la obra maestra de este director, pues si eres conocedor de su estilo, y admirador de al menos una de sus películas (sin contar el punto y aparte conocido como The Straight Story), su obra entera está dotada de una maestría por encima de lo común. Mulholland Drive es absorbente y sobretodo, muy confusa, dejando lugar a múltiples interpretaciones, motivo por el cual el propio director quiso dar 10 pistas clave para lograr entender el film o al menos darle un sentido coherente.
Paranoia, con P de Película. Eso es Mulholland Drive, y ese es el gran talento del que está dotado David Lynch. Personificador de inconsciencias, tormentas cerebrales que estallan y corretean por pequeñas habitaciones ante la imposibilidad de escapar, es capaz de enseñarnos el lado más lindo de la locura.

Escrito por fibor