Sexus, por Henry Miller

Febrero 4, 2009

henrymillerSu nombre completo es Henry Vallentine Miller. Nació en Nueva York el 26 de diciembre de 1891 y murió en Los Angeles, California, el 7 de junio de 1980. Tras vivir durante un periodo de su vida en París y ver cómo EE.UU. censuraba sus libros, terminó por convertirse en uno de los pioneros de la beat generation, así como una gran influencia en personajes como Jack Kerouac. Su obra está plagada de contenido sexual, filosofía, crítica y análisis de la sociedad americana. Sexus (1949) es el primer tomo de su trilogía La crucifixión rosa.

Nacido en Manhattan, nunca llegó a tener una educación estable. Como joven, tomó parte en movimientos socialistas y entró en la Universidad Ciudad de Nueva York. Al poco dejó la escuela, pues a pesar de ser un brillante alumno, no soportaba sentirse atado ni quería ser sometido a la universidad tradicional americana. En 1928 se trasladó a París con su segunda mujer. Un año después, se encontraba solo viviendo la vida bohemia parisina, por la que anduvo con gran pobreza, alimentándose y durmiendo como podía. Gracias a relaciones sociales acertadas, logró convivir bajo techo, y aprovechó para leer e impregnarse del surrealismo francés. Además, una joven con la que tuvo un romance le subvencionó la publicación de su primera novela Trópico de Cáncer en 1934. También, desde 1931 escribía en la edición francesa del Chicago Tribune bajo el nombre de Alfred Perlès, amigo suyo asalariado del periódico. Trópico de Cáncer y sus siguientes obras, Black Spring y Trópico de Capricornio fueron totalmente prohibidas en EE.UU. por su obsceno contenido sexual, por lo que se fue generando un nombre clandestino entre las suburbes culturales americanas, apoyado en 1940 por la admiración declarada de George Orwell en un ensayo suyo. Finalmente logra regresar en 1940 a los EE.UU. instalándose en California.sexus

A pesar de seguir prohibidas sus obras, empezó a ganarse un nombre en Europa, donde sí se publicaban los Trópicos, libros que se traían clandestinamente a los EE.UU. hasta 1961, año en que se publicaron legalmente los Trópicos, poniendo a prueba las leyes americanas sobre pornografía y libertad de expresión artística. Además de escritor, Miller era pianista y pintor, estando hoy en día sus pinturas en acuarela divididas en dos museos, en Japón y California.

En Sexus describe de manera biográfica con seudónimos falsos el divorcio de su primera mujer y la forma en la que conoció a su amante y futura mujer. Toma lugar en Nueva York, ciudad en la que nació y en él incluye a numerosos conocidos y amigos. Plagado de una descripción y un lenguaje admirable, pone a prueba sus ganas por ser escritor y detalla cómo luchó por ello frente al escepticismo de sus amigos. Utiliza múltiples escenas sexuales, vinculando el sexo con la filosofía y la felicidad. Con tal riqueza descriptiva, habla sin tabúes en lenguaje para adultos sobre su admiración por el sexo femenino. Sexus es un libro para adultos sin lugar a dudas, pero un libro de una calidad lingüística increíble, trasladando al lector a otra realidad americana que bien podría imaginarse hoy en día. Además, leído a su debido tiempo, puede dar una lección a más de uno en según qué materias…

Henry Miller es el rey de la controversia americana, por encima de todo el legado de literatura norteamericana posterior. El hecho de la censura de sus libros hasta veinte años después de su publicación en Europa, prueba que todavía hoy por hoy son libros sellados en las bibliotecas norteamericanas, dejando constancia en forma de nombre y apelhenry_miller_my_life_and_times_tabllido sobre todos sus lectores. Además, películas como El cabo del miedo han hecho incapié en la condición de libro prohibido de Sexus, utilizándolo como fuentes peligrosas para jóvenes adolescentes.

De una riqueza lingüística impresionante (sólo puedo insistir en ello pues es realmente increíble) y un poder descriptivo admirable, Miller, considerador precursor del postmodernismo, da una lección a la sociedad americana, sobre cómo vivir apasionadamente, por encima de todas sus leyes y fuera de todo su conservadorismo. Pone a prueba la verdadera naturaleza humana, obligatoriamente ligada al sexo en nuestra condición animal y cómo todo raciocinio se pierde bajo el mismo denominador común. Algunos dirían “la humillación del ser”, sin embargo Miller logra que esa degradación del uno mismo, individual y singular, se emborrache de pasión hasta la última palabra.

«El objetivo de la vida, es vivirla, y vivir significa ser consciente, gozosamente, borracho, sereno, divinamente consciente.» H. Miller


Los vagabundos del Dharma, por Jack Kerouac

Octubre 28, 2008

A.D.: Hablar de Kerouac, es como hablar de los Red Hot Chili Peppers, pero en literatura.

Con ese nombre, sólo se puede estar prescrito a la admiración. Kerouac iba a ser un extraordinario deportista, jugador de fútbol americano, pero debido/gracias a una lesión en su rodilla y trifulcas varias con su entrenador, decidió ingresar en la marina mercante. Destinado en Nueva York, conoció a compañeros del movimiento beat como Ginsberg, Burroughs o Cassady, que le enrolaron en una aventura por los recónditos escondidos de la prosa.

Canadiense de nacimiento y francoparlante, se convirtió en uno de los máximes iconos de la narrativa norteamericana. Vivió y conoció en profundidad las calles de Nueva York, pero sus pasos le llevaron a California, y en general, a recorrer toda la costa Oeste de los EE.UU. Su obra más conocida es On the Road (En la carretera), pero su novela (autobiográfica, como todas ellas) más completa es sin duda este Vagabundos del Dharma. No apta para no-iniciados-Kerouaquenses, Los Vagabundos del Dharma deja de lado las juergas locas post-adolescentes de marihuana, alcohol y jazz de En la carretera (aunque las sigue viviendo paralelamente), recorriendo quilómetros de vías, pateando ciudades y trapicheando esquinas, para cambiarlas por una profunda vocación por el zen y el budismo. Kerouac se convierte esta vez en Ray Smith y es adentrado en esta religión por su compañero de viajes Gary Snyder, interpretando el papel de Japhy Ryder.

De esta forma, Kerouac cambia su viva-la-vitta sin tabúes por unas relaciones sexuales profundas, con sentido y simbolismo energético, idolatrando el sexo femenino por su complejidad mística. Cambia los quilómetros de asfalto por montañas inescalables, que sólo él se propone conquistar. Cambia el dormir en casa de amigos juerguisas por descansar en trenes, bajo puentes, o tirado en llanuras verdes. Cambia un largo texto descriptivo y crudo por una breve historia rica en profundidad.

En favor de sus aventuras solitarias, muy unido a la naturaleza, practicando Solitárium-energium-montus (término recién inventado por mí para describir largas estancias en soledad en lo alto del monte conviviendo plenamente con las energías naturales y la fuerza de la montaña), Kerouac da una nueva lección de way of life, esta vez en forma de misticismo. Para muchos detractores, el Zen descrito por Kerouac en esta obra de arte es un falso Zen, no representativo de los verdaderos fundamentos budistas, no obstante, para sus seguidores, Kerouac no habla del Zen propiamente conocido, sino que crea un nuevo Zen, el beat-Zen. En cualquier caso, no es necesario tomarse la lectura como una severa lección de religión o forma de vida. Sino todo al contrario, hay que entenderla como una serie de aventuras y creencias que surgen a raíz de la interacción de dos amigos que construyen en estas líneas una bella amistad, rica en conocimiento y, todavía más importante, compartiéndolo para enriquecerse el uno al otro.

Bellísimo relato, altamente recomendable, aunque insisto, no como primer orden, pero sí a mi entender como obra sublime del autor. No sé si la mejor, puesto que Kerouac es algo más que un escritor, un ideólogo, donde no te gustan o te dejan de gustar sus textos, sino que entiendes y aprendes de sus palabras aunque no te lo propongas. Admiras una forma de vida que acabó con escasos 47 años por un derrame producido por una cirrosis.

Enamorado de sus palabras, Kerouac demuestra que EE.UU. sí tiene una historia, diferente a la de Oriente y a la de Europa, y sobretodo mucho más reciente. Altamente criticable país, alberga pequeños tesoros creados por lúcidos civiles, poetas vagabundos que querían vivir otra realidad sin cambiar de continente. Claro que los hippies de la época mucho tendrán que decir, pero para los que llegamos tarde a entonces, siempre nos quedarán las palabras de ciertos ilustres inconformistas y románticos.

Qué triste que lo que pudiera haber sido, hubiera sido. ¿Os imagináis un grupito de animadoras rubias con cuerpos 10 gritando a coro interpretando algún estúpido baile “Dadme una K, K, dadme una E, E, dadme una R, R…” y así hasta completar su nombre? Kerouac. Sin duda, hoy por hoy, seguro que algún humilde pero de majestuoso canto, pajarito, anda por ahí volando y cambiando de estado, según le arrastran los vientos de ese extenso país que son los EE.UU. de América. Vuela, pequeño Jack, vuela.


El almuerzo desnudo, por William S. Burroughs

Julio 3, 2008

El almuerzo desnudo es una de aquellas novelas supuestamente vigiladas en las bibliotecas de EE.UU. ¿Por qué? Bien es sabido del alto nivel de control que pretende ejercer el gobierno americano en su sociedad, pero sin duda, es que para leer este libro, hay que estar buscando algo en concreto, mucho más allá de pasar un rato entretenido con una amena lectura.

El almuerzo desnudo no es un libro de lectura fácil, ni rápida, más bien al contrario. Con un vocabulario muy denso (a la vez que rico), Burroughs nos adentra en los niveles más elevados de la decadencia producida por una drogodependencia altamente dramática. Más allá de las drogas que, por un u otro motivo (generalmente por el cine o los telenoticias) están en mente de todos, aquí se nos presentan muchísimas sustancias que nunca habremos oído, ni siquiera imaginado que existían. A esto hay que unir un alto contenido de actividad homosexual (condición del autor), en ocasiones difícil de digerir, ni mucho menos por su significado, sino por lo explícitas de sus palabras y sus descripciones, pues el descaro descriptivo en escenas desagradables es una de las principales armas del autor. Al parecer, esto podría tratarse como consecuencia de una mente altamente enferma, no obstante, Burroughs, a fecha de su muerte, padecía de una gran lucidez a pesar de todas las sustancias que su cuerpo había ingerido a la hora de usar las palabras y de expresarse con ellas.

Como historia, no es un libro de novela continua, sino que sitúa al lector en distintas situaciones, muy dispares entre sí, con los detonantes clave en común que son las drogas y la homosexualidad. Encarnándose en distintas figuras y hablando desde distintas personas en cada relato corto, presenta importantes críticas en la sociedad americana: una gran hipocresía en la actitud frente a la homosexualidad de la sociedad del momento, desmonta toda figura religiosa, legislativa o jurídica situándolos bajo papeles de la mayor perversión posible, ridiculiza la figura del duro militar “macho” de turno, y sobretodo, se carga la mente de todo individuo capaz de creer que se conoce a sí mismo, mostrándolos a todos como insignificantes coballas, que no son quienes creen ser, sino quienes se ha querido que sean. Mentes susceptibles a la manipulación, y cómo a través de esta, junto a un poco de perseverancia, y quizás, con la ayuda de alguna pequeña sustancia u hongo, se convierten en mentes vírgenes altamente vulnerables dispuestas a ser moldeadas por las manos (y las palabras) de cualquier autodenominado psicólogo o psiquiatra, transformándolos a su libre parecer, desde creencias, conductas, inclinaciones sexuales, ideas, hábitos y obsesiones.

A pesar de esta crudeza, su obra es de un alto nivel descriptivo, en la que palabras se encadenan a otras siempre sumando significado y detalles. Denso y difícil, pero no pesado. Eso sí, siempre sabiendo de antemano el tipo de lectura a la que uno se enfrenta para no llevarse sorpresas desagradables.

Como hecho anecdótico: el título es una sugerencia de su idolatrado amigo Jack Kerouac y representa una descripción del estado en que se encuentra un individuo que cumple con los requisitos que el libro ofrece. La interpretación queda abierta.