Su nombre completo es Henry Vallentine Miller. Nació en Nueva York el 26 de diciembre de 1891 y murió en Los Angeles, California, el 7 de junio de 1980. Tras vivir durante un periodo de su vida en París y ver cómo EE.UU. censuraba sus libros, terminó por convertirse en uno de los pioneros de la beat generation, así como una gran influencia en personajes como Jack Kerouac. Su obra está plagada de contenido sexual, filosofía, crítica y análisis de la sociedad americana. Sexus (1949) es el primer tomo de su trilogía La crucifixión rosa.
Nacido en Manhattan, nunca llegó a tener una educación estable. Como joven, tomó parte en movimientos socialistas y entró en la Universidad Ciudad de Nueva York. Al poco dejó la escuela, pues a pesar de ser un brillante alumno, no soportaba sentirse atado ni quería ser sometido a la universidad tradicional americana. En 1928 se trasladó a París con su segunda mujer. Un año después, se encontraba solo viviendo la vida bohemia parisina, por la que anduvo con gran pobreza, alimentándose y durmiendo como podía. Gracias a relaciones sociales acertadas, logró convivir bajo techo, y aprovechó para leer e impregnarse del surrealismo francés. Además, una joven con la que tuvo un romance le subvencionó la publicación de su primera novela Trópico de Cáncer en 1934. También, desde 1931 escribía en la edición francesa del Chicago Tribune bajo el nombre de Alfred Perlès, amigo suyo asalariado del periódico. Trópico de Cáncer y sus siguientes obras, Black Spring y Trópico de Capricornio fueron totalmente prohibidas en EE.UU. por su obsceno contenido sexual, por lo que se fue generando un nombre clandestino entre las suburbes culturales americanas, apoyado en 1940 por la admiración declarada de George Orwell en un ensayo suyo. Finalmente logra regresar en 1940 a los EE.UU. instalándose en California.
A pesar de seguir prohibidas sus obras, empezó a ganarse un nombre en Europa, donde sí se publicaban los Trópicos, libros que se traían clandestinamente a los EE.UU. hasta 1961, año en que se publicaron legalmente los Trópicos, poniendo a prueba las leyes americanas sobre pornografía y libertad de expresión artística. Además de escritor, Miller era pianista y pintor, estando hoy en día sus pinturas en acuarela divididas en dos museos, en Japón y California.
En Sexus describe de manera biográfica con seudónimos falsos el divorcio de su primera mujer y la forma en la que conoció a su amante y futura mujer. Toma lugar en Nueva York, ciudad en la que nació y en él incluye a numerosos conocidos y amigos. Plagado de una descripción y un lenguaje admirable, pone a prueba sus ganas por ser escritor y detalla cómo luchó por ello frente al escepticismo de sus amigos. Utiliza múltiples escenas sexuales, vinculando el sexo con la filosofía y la felicidad. Con tal riqueza descriptiva, habla sin tabúes en lenguaje para adultos sobre su admiración por el sexo femenino. Sexus es un libro para adultos sin lugar a dudas, pero un libro de una calidad lingüística increíble, trasladando al lector a otra realidad americana que bien podría imaginarse hoy en día. Además, leído a su debido tiempo, puede dar una lección a más de uno en según qué materias…
Henry Miller es el rey de la controversia americana, por encima de todo el legado de literatura norteamericana posterior. El hecho de la censura de sus libros hasta veinte años después de su publicación en Europa, prueba que todavía hoy por hoy son libros sellados en las bibliotecas norteamericanas, dejando constancia en forma de nombre y apel
lido sobre todos sus lectores. Además, películas como El cabo del miedo han hecho incapié en la condición de libro prohibido de Sexus, utilizándolo como fuentes peligrosas para jóvenes adolescentes.
De una riqueza lingüística impresionante (sólo puedo insistir en ello pues es realmente increíble) y un poder descriptivo admirable, Miller, considerador precursor del postmodernismo, da una lección a la sociedad americana, sobre cómo vivir apasionadamente, por encima de todas sus leyes y fuera de todo su conservadorismo. Pone a prueba la verdadera naturaleza humana, obligatoriamente ligada al sexo en nuestra condición animal y cómo todo raciocinio se pierde bajo el mismo denominador común. Algunos dirían “la humillación del ser”, sin embargo Miller logra que esa degradación del uno mismo, individual y singular, se emborrache de pasión hasta la última palabra.
«El objetivo de la vida, es vivirla, y vivir significa ser consciente, gozosamente, borracho, sereno, divinamente consciente.» H. Miller
Escrito por fibor 
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