
Os diré que me dan miedo muchas cosas, muchas más que las tormentas, y de lejos mucho más que los temblores en el cielo, seguramente muchas más que al propio Nacho Vegas, y sin embargo, sus palabras y sus canciones sirven igual para miedosos y orgullosos de atrevimiento, para sentirse reconfortado por unos breves instantes, de lo que dura una canción a una sola frase, cualquiera, la que más nos represente de estos 45 minutos de pausa y tranquilidad.
Una gran broma es lo que parece el nombre del disco, pues de sucio no tiene nada, más bien al contrario, momentos tiernos de sonrisa de bebé, de fábulas y nanas y vasitos de leche con galletas. Con una voz más que peculiar y lindas letras se nos acerca de nuevo este tipo singular con una ya reconocida (hoy por mí) trayectoria en solitario. Y es que si la primera vez que escuché el disco, me pareció un poco más que un chiste (propio de mi escepticismo), hoy me parece una lectura auditiva obligada para cualquier persona mínimamente interesada por la música y por los sentimientos. Bueno, y no vamos a mentir, digo hoy y me refiero a hace ya más de un tiempo, pues poco más de dos escuchas (y sólo una de ellas con atención) necesitó “la gran zeta” para convertirme en un adepto convencido y propagador de sus palabras. ¿Qué vas a decir cuando las críticas se convierten en alabanzas?
Pues de esto estamos hablando, no de si Nacho anduvo por aquí o por allí, o de si su evolución musical fue de color verde o amarillo, sino simplemente de hacer publicidad gratuita y escribir a los cuatro bits lo mucho que me gusta este LP. Pues sí, ¿qué pasa? Si todavía no he logrado decidir cuál es mi canción favorita… aunque estribillos convincentes no le faltan, si se propagan en masa como incendios descontrolados. Y más que los estribillos: los títulos. Porque un reloj que no tiene agujas es lo que somos todos los que disfrutamos escuchando este disco, que, joder, se hace corto (perdonad, pero alguien tenía que decirlo, no?). Ostia, es que incluso los seis minutos cuarenta segundos de Taberneros se hacen cortos. ¿Háyase visto versos más bellos? Por supuesto que sí. Que no estoy vendiendo que éste sea el mejor disco de cualquier discografía, ni mucho menos de la historia de la música en este país, en absoluto. Sólo estoy destacando lo cojonuda que es esta obra de arte, seas del estilo que seas y te gusten los grupos que te gusten. Mientras hables o entiendas el castellano y tengas un mínimo de empatía emocional, seguro lo disfrutarás y recordarás aquello de “si hoy amaneces y los pies te están doliendo, es porque estuviste toda la noche caminando por mis sueños”.
Echadle el guante a La Zona Sucia, que no tiene desperdicio, y te gustará o más o menos su voz, pensarás que es demasiado ñoña y sacarás pecho alardeando a los cuatro vientos que lo que a ti te gusta es el rock, las guitarras distorsionadas y los coros a grito pelado, pero a cascarla, deja de disfrazarte de esqueleto, calavera, que por más o menos tiempo, todos hemos sido niños alguna vez, y lo que comen las brujas son leche, galletas y a ti, corazón.