Ea! Así de contundentes los presentamos, puesto que así de contundentes suenan. Y es que el disco de los The Drums es tal vez el disco que recomendaría este año si tan sólo pudiera recomendar uno: un disco redondo, de principio a fin, en el que todas las canciones suenan a The Drums.
Nueva York está de enhorabuena, o en una de sus mejores rachas en estos últimos años en cuanto a grupos nuevos se refiere, pues si desde The Strokes no me sorprendía tanto con una banda neoyorquina nueva, en poco menos de un año los Vampire Weekend y los The Drums se han hecho un hueco a base de insistencia y genialidad en mi estantería de discos. Si los primeros suenan a originales y a frescos, los segundos no se quedan cortos, aunque sí hay que decir que su sonido recuerda a The Cure, Joy Division o The Smiths, hasta a los Depeche Mode, pero con despuntes de mucha actualidad. Y es que los The Drums no son más que otra oleada de buenrollismo, aunque muchas de sus letras resulten tristes por la crudeza de sus palabras y otras hablen de rupturas y de amores inigualables. Será por la reverb o por la actitud de su cantante Jonathan Pierce, pero sea por lo que sea, estos nuevos vestidos de retro lo hacen bien, gusten o no gusten sus pantalones apretados o sus peinados “modernillos”.
Los The Drums son otro claro ejemplo de lo “fácil” que puede resultar hacer música, ya que sus canciones no se componen de más de dos o tres acordes, de un par de líneas repetitivas pero pegadizas de guitarra, armonías muy marcadas por la melodía de la voz, etc, pero es que lo complicado no está en saber tocar dos guitarras y una batería (aunque sí un poco en cantar así de bien…) sino en saber encajar las piezas de manera que el conjunto resulte tan completo y redondo. Si Vampire Weekend destacaba entre otras cosas por ser también buenos músicos y relativamente innovadores por la unificación de distintos estilos tropicales, The Drums se limitan a hacer pop eléctrico, facilón, “rasca guitarras”, pero lo que tienen en común es que ambos son igual de bailongos, buenrollistas y entretenidos, y con un especial dominio de sintetizadores (hay que decir que los dos amigos y miembros fundadores de The Drums llevaban haciendo música electrónica desde que se conocieron).
The Drums me parece un grupazo, y así de claro lo digo. Sin miedo a que suene a esta palabra que mucho se aplica hoy en día como es “hype”, ni que nadie me tache de algo que no soy (un popero de mierda), pero insisto en que hay que saber ver la calidad por encima de la forma (aunque para mí sea más complicado cuando esta forma se trate del pop), pero sobretodo saber reconocer cuando un grupo logra transmitir un feeling (hablamos de música, no de fútbol, ¡atención!), un rollito, un algo, que otros tantos no alcanzan si quiera a hacer intuir. Y además, ¡qué cojones! ¡qué carajo! Son realmente pegadizos, como la canción “Let’s Go Surfing”, escuchar a los The Drums es como montarse en una tabla de surf radiosónica y empezar a surfear acordes y melodías, es como coger un camino de una única dirección: siempre adelante, y adelante es hasta el final del disco, ya que cuesta mucho seleccionar tan sólo un corte o dos, no por no haberlos preferidos, sino porque no por ser menos preferidos apetece menos escucharlos. Ah, y hablando de preferidos, “Forever And Ever Amen” sea tal vez el mío ¿ya tienes uno tú?
El guitarrista de la banda Jacob Graham dijo en una ocasión que si la reverberación no existiera, seguramente ni se hubieran planteado formar el grupo. Yo digo que maldito el momento en que no tuve problema en verlos de lejos en el Primavera Sound de este año, ya que para entonces, y aunque parezca mentira después de haber afirmado que sería mi “El disco del año” a recomendar, la primera vez que los escuché me parecieron un poquillo lentos, faltos de ritmo y garbo… Hoy, jamás más lejos, ¡si el cantante no tiene garbo, yo no sé qué es eso! De sabios es rectificar, y todavía más, no ocultar los errores cometidos. Por suerte, The Drums estarán tocando nuevamente en Barcelona este mes de noviembre, y por desgracia, lo harán sin su segundo guitarrista que ha abandonado el grupo recientemente (así lo anunció en el facebook del grupo, dicen por ahí), y por si no fuera poca desgracia, estarán tocando a escasos 200 metros y a la misma hora de donde estarán tocando Vampire Weekend… Yo sé de otros promotores y calaña comercial a los que tampoco les iría mal rectificar ¬¬’
P.D.: Sí, efectivamente, da rabia, eh? Un post totalmente escrito por fanatismo apasionado y obsesión incondicional de “mola porque mola y punto” sin raciocinio alguno, por un grupo de poperos que no se corresponde con la puesta en escena del grungero rockero que digo ser… esta es la grandeza de la música, ¡anda que no molan!
P.D.2: Ante no saber conformarme con tan sólo un video, pongo otro más…