Roza la obra maestra. Los hermanos Coen se vuelven a lucir en una nueva película de nuevo protagonizada por un montón de dólares. La película se localiza en Texas, cuando un cazador de antílopes (Josh Brolin) descubre durante un día cotidiano el emplazamiento de un tiroteo entre narcotraficantes, con hombres acribillados, un cargamento de drogas y dos millones de dólares en efectivo. La tentación de apoderarse del dinero es grande y al llevárselo da el pistoletazo de salida para una persecución sobre él por un más que loco Javier Bardem bordando una de sus más espectaculares actuaciones (tal fue así que le valió el reciente Óscar).
La película cumple con todos los requisitos de una obra de los Coen, bordándola acompañada por grandes actuaciones de sus actores de reparto, incluido Tommy Lee Jones en el papel de policía del pueblo. Los diálogos son puramente Coen made, pausados, sobre hechos cotidianos, aparentemente triviales. Está plagada de pinceladas que recuerdan a anteriores películas de los hermanos, como Fargo. La trama está muy bien contada, con un gran trabajo de dirección, de localización de escenarios, y un ritmo de acción que aunque no rápido ni frenético, es capaz de cautivar a cualquier espectador interesado en disfrutar de un buen film.
Con esos pequeños detalles en el guión, como el recurso del asesino Bardem de la cara o cruz o el uso de su pistola de aire en lugar de un revólver convencional, más la relación del jefe de policía con su subordinado y aprendiz al que enseña para prepararlo para relevarle a partir de su pronta jubilación (relación que en ocasiones recuerda a las mil maravillas de Twin Peaks), los hermanos Coen siguen mostrando su inapelable talento y todavía más importante, su inconfundible estilo. Sin querer ser repetitivo, Bardem lo borda con un papel de loco psicópata con un tempo muy pausado, impasible, carente de emociones, frío y rígido, que persigue a su presa sin acelerar el ritmo de sus andares y cargando la bombona de aire comprimida que es su arma. Brutal, demuestra que hay vida después Jack Nicholson en El resplandor, o De Niro en El cabo del miedo.
Sin palabras para una película en la que la vida de los personajes continúa después de los créditos finales. Tan sólo se puede recomendar su visualización, pues sin duda, a quien le gusten los hermanos Coen, le encantará. A quien no, sobre gustos… no es país para viejos.